Por: Héctor Abad Faciolince

El país que más mata

No es fácil medir la violencia. Cuanto más extenso y poblado es el territorio que se analiza, también la complejidad aumenta. El presidente de Estados Unidos acaba de definir a México como el segundo país más mortífero (deadliest) del mundo basándose en un estudio del IISS (no confundir con ISIS) que usa la cifra bruta de “homicidios totales” y no la “tasa de homicidios” para medir lo peligroso que es un país. Sin duda los homicidios totales son un dato importante, tan importante que sin él no podemos calcular la tasa anual por cada 100.000 habitantes, que suele ser la medida usada por la academia para medir lo violento que es un continente, un país, una ciudad... Pero como medida de comparación entre distintos países es absurda.

La tasa de homicidios por 100.000 habitantes no es una medida perfecta y se presta a distorsiones, pero al menos hace que dos territorios con poblaciones distintas se puedan comparar. Los homicidios totales conducen a apreciaciones mucho más inexactas o incluso totalmente descabelladas, como la que acaba de hacer Trump al referirse a México. Cuantos más habitantes tenga un país, es más probable que haya más casos totales de cualquier cosa.

Si uno se basa en la fuente más seria para mirar los datos globales de homicidios intencionales (la Oficina de la ONU para las drogas y los delitos, UNODC) de inmediato se da cuenta de que sería fácil manipular la información usando el solo dato de homicidios totales. Por ejemplo: en la Unión Europea ocurren cada año unos 4.000 homicidios y en Afganistán o en Irak, 2.000. ¿Quiere esto decir que Europa es el doble de peligrosa que Afganistán o Irak? Ridículo. La tasa anual de homicidios por cada 100.000 habitantes en Europa no llega a dos, y en Afganistán o Irak está alrededor de diez. Con esta medida, más confiable, estos países resultan cinco veces más peligrosos que Europa, lo cual se acerca un poco más a lo que sabemos de esas regiones del mundo.

Si nos basamos tan solo en los homicidios totales (que es un método absurdo, repito), México tampoco resulta ser el segundo país más violento después de Siria. Según el número de homicidios totales hay otros países que estarían antes que México (India, Brasil, Venezuela) o más o menos al mismo nivel (Nigeria, Rusia, Pakistán). Para poder situar a México como segundo país más violento, el IISS tuvo que introducir una nueva categoría: “países en conflicto armado”. Según ellos, ahí cae México, pero no Brasil ni India ni Rusia. Para hacerlo se basa en el hecho de que México haya desplegado al Ejército para combatir a los carteles de las drogas y a que estos últimos usen en sus arsenales verdaderas armas de guerra, lo cual hace mucho más difícil que el Estado los pueda combatir y derrotar.

Pero si los carteles de la droga en México son más eficaces matando que, por ejemplo, los delincuentes de Brasil o de Venezuela, esto no se debe a la gravedad del conflicto, sino, precisamente, a su cercanía con Estados Unidos. Es en esa horrible frontera donde se asiste al trueque de sustancias nocivas (cocaína, heroína, pastillas recreativas), a cambio de dólares y de, claro está, ¡armas sofisticadas! Es México el que debería denunciar a Estados Unidos por introducir en el país armas mortíferas de fuego, de forma ilegal, lo cual es mucho más grave que introducir ilegalmente cocaína o éxtasis en Estados Unidos.

El país gobernado por Trump peca de una hipocresía desesperante: son los mayores consumidores de drogas del mundo, los mayores importadores de lo mismo, y también los mayores exportadores de armas. Sin duda la droga es mala; pero las armas son peores. Solo que lo menos grave es ilegal, y lo más grave legal.

Si Trump aprendiera a medir bien la violencia, podría concluir que es en Chicago, o en su propia ciudad de residencia, Washington D. C., donde debería construirse el muro. La tasa de homicidios de esas ciudades es más alta que la de México. Que Trump construya ahí su muro y se encierre allá.

Buscar columnista

Últimas Columnas de Héctor Abad Faciolince

El mundial de Tailandia

Del tamaño de Dinamarca

Matar un pajarito

El mar o las montañas

Lo grotesco contra lo falso