Por: Marcos Peckel

El pantano de Libia

Aunque no llueva casi nunca y su clima sea seco, árido y desértico, Libia se está convirtiendo en un pantano de paradigmas que hasta ahora regían la política internacional.

Se hunde casi que irremediablemente el concepto de soberanía que ya venía en franco menoscabo desde hace años. Nunca hasta ahora el Consejo de Seguridad había autorizado una operación militar bajo el capítulo VII en un país sumido en una guerra civil. La operación de Kosovo fue llevada a cabo por la OTAN sin el consentimiento del consejo mientras que en Ruanda y Bosnia los cascos azules estacionados bajo el capítulo VI fueron impávidos espectadores de atrocidades y genocidio sin mover un dedo por evitarlos.

Situación similar a la libia está ocurriendo en estos días en Costa de Marfil, donde la ONU ha tomado un rol militar activo para sacar del poder a Gbagbo.

¿Por qué no en Yemen o Siria? Las inconsistencias del sistema internacional. Al momento de escribir estas líneas, las mutuas ofertas de cese al fuego han sido rechazadas por las partes y el país se encuentra dividido entre sus partes oriental y occidental, correspondiente a las provincias romanas de Cirenaica y Tripolitania, la coalición ya no tiene muchos objetivos para bombardear desde el aire, algunas ciudades cambian de manos de un día para otro y surgen cuestionamientos sobre quiénes son los rebeldes por quienes la OTAN se la ha jugado, qué representatividad tienen y qué grupos se han “colado” entre ellos. El comandante de las fuerzas de la OTAN en Europa ya informó que hay indicios de la presencia de Al Qaeda y Hezbola entre los insurgentes.

Es muy prematuro arriesgar un pronóstico sobre el desenlace de la actual situación en Libia, pero los escenarios posibles no auguran nada bueno para el pueblo libio. Una guerra prolongada sin ganadores ni vencidos o un debilitamiento de Gadafi por renuncias en su entorno, incitadas por Occidente, como la de su canciller Musa Kusa, que podría  debilitarlo hasta el punto de hacer insostenible su permanencia. Algunas versiones ya indican que se está negociando una salida digna para el dictador y su familia, que podrían terminar en Grecia.

Una caída del caudillo podría conllevar una división entre los rebeldes, cuyo único objetivo común es derrocarlo, y un subsiguiente estado de anarquía por el vacío de poder, las divisiones tribales y la penetración de grupos con agenda propia como los islamistas. Una Somalia exportando petróleo y refugiados por miles a las costas de Europa. Para evitar este escenario, está por verse qué tanto los países que han participado en los bombardeos lo harán con igual empeño en el tortuoso y oneroso proceso de reconstruir el país, inclusive con el envió de fuerzas de paz. Son, en últimas, Libia, su gente y su pueblo los que se hunden en este desértico pantano sin que se avizore una rama de donde agarrarse.

 

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