Por: Juan Pablo Ruiz Soto

El papa, ¿ambientalista extremo?

El papa Francisco es un líder político y religioso transnacional, de allí la importancia de su reciente publicación sobre el cuidado de la casa común, Laudato Si, encíclica que coincide en muchos aspectos con propuestas ambientalistas.

En Colombia, algunos políticos usan principios católicos como parte de sus propuestas. Por ello es bueno que su referente político resulte progresista y los obligue a una actualización desde el catolicismo.

El papa relaciona degradación ambiental, modelo de desarrollo y modos de vida, y propone bajar el consumo, reutilizar y reciclar, producir menos basura y disminuir el uso de agroquímicos, entre otras muchas cosas, como parte de la estrategia para conservar la vida y los ecosistemas.

Bienvenido el hecho de que la preocupación papal por el cambio climático y su llamado a suspender gradualmente el uso de combustibles fósiles sean expuestos desde fundamentos técnicos y científicos. Respecto al agua propone la reforestación de cuencas y añade: “Es previsible que el control del agua por parte de grandes empresas mundiales se convierta en una de las principales fuentes de conflictos de este siglo.”

Resalta el valor intrínseco de la biodiversidad y su importancia como recurso económico, en grata coincidencia con el quinto informe nacional sobre el tema. Propone la conservación de ciénagas y evitar el reemplazo de selvas naturales por monocultivos, y asocia el desarrollo de infraestructura a la conservación y gestión de corredores biológicos.

Habla sobre “el crecimiento desmedido y desordenado de muchas ciudades” (algo que no se ha atendido en Bogotá y su área metropolitana), que se acompaña de la fragmentación y degradación social, enfatizando que el ambiente humano y el natural se degradan o se recuperan simultáneamente. Menciona la deuda ecológica y la necesidad de que las multinacionales se comporten de manera más consistente, no trasladando los costos ambientales a los países pobres. Advierte que “cualquier intento de las organizaciones sociales por modificar las cosas será visto como una molestia provocada por ilusos románticos o como un obstáculo a sortear” y enfatiza la necesidad de respetar la voluntad local relacionada con el manejo de su entorno.

Como papa no se aparta de principios católicos convencionales y, por ello, no apoya el control natal, el uso de preservativos ni la libertad reproductiva (manejo del aborto). Niega la necesidad de controlar el crecimiento poblacional y desconoce que todo ser humano, por minimalista que sea, consume energía y recursos naturales, olvidando que la oferta de recursos es limitada y que, ante el desequilibrio natural, tenemos que autorregular el crecimiento poblacional y simultáneamente mejorar el uso y la distribución de los bienes de consumo. En esto nos distanciamos de la encíclica.

Hay muchos otros puntos de coincidencia importantes que por espacio no alcanzo a mencionar, pero propongo a la Iglesia católica que invite a los sacerdotes a incluir la presentación y el análisis de al menos un párrafo de la encíclica todos los domingos en la misa, pues lo propuesto por el papa, a pesar de lo que opinen algunos, no es ambientalismo extremo. Para construir colectivamente debemos buscar las coincidencias, y el llamado a trabajar por el desarrollo sostenible integral desde una perspectiva social, cultural y ecológica es una de ellas.

 

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