Por: Aldo Civico

El papa Francisco y el proceso de paz

Con respecto a la paz, quizás las palabras más importantes (y difíciles) las dijo el papa Francisco al presidente Santos al final de la audiencia privada en el Vaticano.

Después de asegurarle al presidente Santos que reza por el proceso de paz y de ofrecer sus buenos oficios para ponerle fin al conflicto, el papa habló de la necesidad que tiene Colombia “de aprender a perdonar”.

Palabras difíciles, con las cuales el papa parece sugerir que la garantía de interrumpir los ciclos de violencia que han permeado la historia del país está radicada en el perdón y la reconciliación. Las palabras del papa Francisco, además, parecen reconocer también que perdonar no es un acto espontáneo e inmediato, sino que necesita de un proceso de aprendizaje en el cual, no el olvido, sino la obtención de las verdades juega un papel fundamental.

Sobre todo, las palabras del papa son un desafío a toda la comunidad política, desde la izquierda hasta la derecha. Hablando con el presidente de Colombia, el papa, de hecho, invita a considerar al perdón y a la reconciliación, no solamente como categorías espirituales y morales, que pertenecen a la esfera de los individuos, sino también como categorías éticas y políticas, que involucran a la sociedad entera.

El aprender a perdonar, entonces, hay que interpretarlo también como un proyecto político. Entendido como una categoría política, el perdón se convierte en el proceso que permite trascender la historia; no se trata de cambiar el pasado, sino la relación con él.

Perdón y reconciliación son categorías que en las últimas décadas han entrado con más frecuencia en la esfera política. Y es que el dolor causado en el pasado persiste de alguna manera en el presente, hasta el punto que es necesario tratarlo, porque para liberarse del pasado, hay que sanarlo en la memoria colectiva. Como escribió William Faulkner, “El pasado no está muerto y enterrado; tampoco es pasado”.

Como categoría política, el perdón entonces se tiene que convertir en un proceso que reconozca públicamente la verdad (bienvenida, en este sentido, la propuesta de una Comisión de la Verdad), favoreciendo la colaboración de los victimarios, al mismo tiempo que evita la repetición del trauma para las víctimas.

El perdón como categoría política también requiere abandonar la idea seductiva de la venganza. Paradójicamente, el enemigo se vuelve indispensable. Como dijo una vez Nelson Mandela, “sin estos enemigos nuestros, nunca podremos lograr una transformación pacífica de este país”.

Reconocer la verdad y abandonar la tentación de la venganza puede abrir el camino de la empatía hacia la víctima y el victimario, entendiendo las razones históricas, además que individuales, que llevaron a la violación de los derechos humanos y a cometer crímenes contra la humanidad.

Y con la empatía se abre el espacio para que se haga posible el arrepentimiento, la reparación y el perdón. Cuando el papa habla al presidente Santos de la necesidad de aprender a perdonar, pide la transformación de Colombia y el coraje de hacerlo.

 

 

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