Por: Rafael Orduz

El papa, piedad, política y negocios

Sin duda, el papa Francisco es un líder religioso, de lejos, más tolerante y autocrítico que sus antecesores. Su actitud frente a los hechos de pederastia (“¿Cómo puede un cura, al servicio de Cristo y de su Iglesia, llegar a causar tanto daño?”) y la población homosexual (“Los homosexuales no deben ser discriminados, sino respetados y acompañados en el plano pastoral”) marca un gran contraste con intolerantes pontífices anteriores. Bienvenido el papa incluyente, aunque algunos católicos de pura cepa vean en él el Anticristo.

El papa Francisco, imagino, procurará dar mensajes de reconciliación en medio del clima polarizado criollo. Se mezcla allí la actitud propia de un líder espiritual con los avatares de la política local. Conocida fue su actitud frente al proceso de paz, favorable, y conocida, también, la respuesta de yo no vi nada, de parte de la jerarquía eclesiástica colombiana en los últimos meses del 2016. Actitud política, sin duda, que calculaba cuántas de sus ovejas podrían votar No en el plebiscito. En realidad, acertaron en su estimación. Mejor no comprometerse, como actúan los avezados políticos.

No tendrá éxito Francisco en acercar a los líderes de las vertientes opuestas. Ninguno está dispuesto a cambiar de opinión ni a escuchar argumentos diferentes a los de sus posiciones. Ya nos cuenta Semana, en confidencial, la briega de un expresidente para procurar no coincidir con el mandatario actual en algún oficio religioso. Y todos tan católicos, con semejante bronca al prójimo que piensa distinto.

Obvio, el Gobierno, necesitado de subir algo en los bajísimos ratings, también procurará hacer política. Sus opositores, ni cortos ni perezosos, lo saben y actúan en consecuencia.

Quizás Francisco hurgue algo en el descuido y la destrucción a que tenemos sometido al medioambiente. Dirá que es deber cristiano cuidar la naturaleza. No se sabe si tendrá eco, dado el desinterés prevalente. Increíble que en las riveras del Atrato chocoano y aguas subsidiarias se instalen y trabajen, sin problema, costosas dragas. Nadie, ni miembros de la Fuerza Pública ni ninguna autoridad vieron ni se percataron de cómo se transportaron, cómo se instalaron ilegalmente tales máquinas, cómo abren el hueco y destrozan la selva en busca del oro.

Lo que sí parece es que la venida del papa activará la economía al menos temporalmente. Hoteles, restaurantes, servicios de transporte y de turismo multiplicarán, por unos días, su facturación. Poca piedad y cinismo de parte de los políticos y algún billete para la economía podría ser el saldo de la visita. La polarización seguirá idéntica.

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