Por: Arturo Charria

El papel de los profesores en la enseñanza del pasado reciente

Entre los retos del posconflicto está el que tienen los profesores al momento de abordar la enseñanza del pasado reciente o la memoria histórica. El problema va desde reformas curriculares, el papel de centros y museos de memoria, ajustes en las facultades de pedagogía y, por último, la responsabilidad de los profesores al momento de transmitir un relato que no resulte parcializado.

Hace dos años se estableció, mediante el decreto 1038 de 2015, la Cátedra de la paz. Sobre el papel, todos los colegios del país deben estar implementando en sus currículos los contenidos formulados en dicha Cátedra. Sin embargo, la reflexión sobre la paz y la memoria en muchas escuelas se concentra en acciones aisladas que se reportan como parte de dicha Cátedra. Por eso resulta urgente que desde el Ministerio de Educación se presente una evaluación sobre el impacto que ha tenido la implementación del decreto 1038. Esta evaluación puede ser una oportunidad para que se impulse la esperada reforma curricular en el campo de las Ciencias Sociales, de manera que un profesor pueda hablar de la historia de Colombia a profundidad, sin que ello implique “salirse” de un currículo escolar que no contempla de manera real estos contenidos.

Los centros y museos de memoria se están convirtiendo en referentes para estudiantes y profesores que quieren trabajar el pasado reciente. Estas instituciones, aunque tienen contenidos especializados, no pueden llenar los vacíos curriculares de la escuela; una visita al Centro de Memoria, Paz y Reconciliación de Bogotá, al Museo Casa de la Memoria de Medellín o al futuro Museo Nacional de la Memoria, no es significativa si no se articula con procesos sólidos que inician en el aula. La visita a estos centros y museos debe pensarse como un complemento, incluso como un punto de partida, pero no reemplazan los vacíos de la escuela.

Esta discusión debe llegar a las facultades de educación, no solo desde la pregunta por los contenidos, sino desde la reflexión por didácticas que permitan construir experiencias pedagógicas significativas para los estudiantes. En las facultades de Ciencias Sociales muchos estudiantes priorizan las materias que abordan contenidos “duros”, dejando de lado las didácticas, incluso hay quienes llegan a sus prácticas docentes con muchas de estas asignaturas pendientes. Un profesor que conoce mucho su materia, pero no tiene estrategias para transmitirlas, puede frustrarse al momento de estar frente a sus estudiantes.

Por último, es necesario abrir la discusión por el papel de los profesores (y sus posiciones personales) cuando abordan la enseñanza del pasado reciente. Es un tema complejo y que en ocasiones muchos leen en términos de “censura”, pero un profesor no solo transmite contenidos, sino que también comparte con sus estudiantes sus pasiones, sus miedos y esperanzas. Esta situación se vuelve peligrosa cuando se trata de abordar la enseñanza de un pasado en donde la carga ideológica arroja miradas sectarias y parcializadas. Así, por ejemplo, un profesor puede hablar de paz en el aula y negar las posturas de los alumnos que se alejen de las tesis expuestas por el docente.

La naturaleza de este problema requiere transformaciones profundas en el sistema educativo, estas transformaciones serán posibles si se hace un trabajo articulado entre los distintos sectores involucrados. Si no reflexionamos sobre la relación entre la paz y la enseñanza del pasado reciente, la paz seguirá reducida en los colegios a izadas de bandera en donde se recite, incluso de memoria y entre palomas blancas, la oración por la paz.

 

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