Por: Alvaro Forero Tascón

El papel histórico de Juan Manuel Santos

EL ROL HISTÓRICO DE JUAN MAnuel santos parece irremediablemente subordinado al de Álvaro Uribe. Sin embargo, los mitos populares raramente soportan la prueba de la historia.

Una encuesta reciente entre más de cien académicos encontró que el primer ministro británico más importante del siglo XX no fue el mítico mandatario que le devolvió la seguridad a los ingleses liderando la guerra contra los nazis. Apoyados en la perspectiva histórica, los académicos no escogieron al líder más emblemático del siglo pasado: Winston Leonard Spencer-Churchill.

El primer ministro que alcanzó el mayor puntaje entre historiadores y científicos políticos fue un escudero de Churchill durante la Segunda Guerra, y su sucesor: Clement Attlee, cuyo principal éxito consistió en dirigir la transición de una economía de guerra a una de paz, que ejerció un liderazgo de consenso y fue considerado un gran gerente que sabía delegar. Attlee fue decisivo en el diseño de la Inglaterra moderna, llevándola desde la derecha churchilliana hacia la centro izquierda en materia económica, estructurando el gran sistema de salud pública inglés y la desmovilización de las fuerzas militares. Aun Margaret Thatcher, opuesta ideológicamente a Attlee, reconoció ser su admiradora, diciendo que contrariamente a la tendencia de los políticos de los años noventa, éste “era pura sustancia y cero show”. Los académicos consideraron que el desempeño de un mandatario de época de paz terminó siendo más importante que el de uno de época de guerra, determinada realmente por hechos incontrolados y la ayuda de los Estados Unidos.

En esa misma lógica, es posible que en unos años el gobierno de Uribe no sea visto como aquel que definió el curso del país, sino como un paréntesis. Un paréntesis histórico que mediante el agrandamiento del poder presidencial y militar interrumpió temporalmente la era de la Constitución del 91, para aplicar el modelo latinoamericano de caudillismo militarista caracterizado por feroz anticomunismo, desbordado neoliberalismo y obsesivo pro norteamericanismo, y cuya función histórica se limitó a reventar la burbuja de la violencia aguda de finales del siglo pasado, producida por la llegada de los cultivos ilícitos y el consecuente enriquecimiento de las guerrillas y el paramilitarismo. A la luz de la historia, las mejoras en seguridad que hoy generan el culto a la personalidad de Uribe, pueden aparecer como un fracaso frente al verdadero objetivo de ganar la guerra, especialmente si otro gobierno consigue la paz mediante negociación. En esa perspectiva el modelo Uribe no sería duradero, no sólo porque los resultados negativos en materia institucional y de equidad social obligaron a rectificarlo a fondo, sino porque era anacrónico en un mundo sin alineamiento, que fue el factor legitimador del modelo durante la Guerra Fría.

Juan Manuel Santos puede terminar logrando mejores resultados en materia económica y social recuperando el rumbo reformista de la Constitución del 91, y consiguiendo la paz. Si así fuera, el papel histórico coyuntural de la seguridad democrática terminaría subordinado a los resultados prolongados de la Unidad Nacional. De la misma manera que los resultados de la Concertación chilena son muy superiores, social y económicamente, a los de Pinochet.

 

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