Por: Pablo Felipe Robledo

El paro que no para

Después de varias semanas, el paro convocado por algunos sectores ha venido sumando más simpatizantes y adquiriendo mayor legitimidad, como ya lo habíamos pronosticado en varias columnas y mensajes en redes sociales. Pocas personas no han marchado o no se han identificado con las variadas causas de los millones de manifestantes. Hoy los colombianos sienten, al menos, empatía y simpatía con muchas de las nobles razones que alimentan la diaria protesta.

Algunos vociferan que no hay verdaderas causas para la protesta, pues se niegan a creer que en Colombia las cosas van, al menos, muy regular. Esos algunos, creo yo, pertenecen o representan a los grupúsculos que han ejercido el poder político, económico o social, usufructuando este país y gozando de todo tipo de privilegios y fortunas, muchas de ellas mal habidas e incluso fruto del asalto a los dineros públicos en un clima de total impunidad.

El Gobierno, por así llamarlo, del presidente Duque, también por así llamarlo, ha sido inferior a su momento histórico y se dejó manosear del fanatismo de derecha que, si bien impulsó su candidatura, no fue el que eligió. Contagiado de ese minoritario fanatismo, Duque ha preferido oponerse a la paz, ha radicalizado y pervertido la reconstrucción de la verdad histórica que por décadas nos tuvo sumergidos en una violencia insostenible y ha decidido darle la espalda, una y otra vez, a la implementación de una verdadera e histórica política pública contra la corrupción, que es al final de cuentas lo que más combustible les genera a las justas y actuales protestas sociales.

Al parecer, en la cabeza de Duque se encuentra incrustada la creencia de que su bajísima popularidad y las marchas son un tema pasajero alimentado por unos cuantos que lo quieren derrocar, es decir, que el presidente se cree víctima de una conspiración. Y es aquí en donde radica buena parte del problema para encontrar una solución a la crisis, pues en Palacio se equivocan al creer que la inconformidad es una estrategia política y que los marchantes son unos conspiradores.

Presidente, bájele a la soberbia, al egocentrismo. Si bien es cierto que usted no ha hecho nada, también lo es que ese es el problema. Haga algo por este país, escuche a la gente y no a su gente, dedíquese a liderar la lucha frontal contra la corrupción, defienda a los débiles y no a los poderosos, deje de pensar en esa locura de la economía naranja (llevamos 15 meses sin entender eso qué es) y lidere un proceso de transformación y modernización industrial sin precedentes con los buenos empresarios que tiene este país (pues que los hay, los hay) para generar empleo digno y bienestar social. En fin, háganos creer que usted era el presidente que necesitábamos, que su juventud no solo está en su cédula sino también en sus ideas transformadoras, conéctese con los ciudadanos, con los jóvenes y con quienes queremos que la gente viva en condiciones dignas y en un país libre de corrupción.

Presidente, si usted no le marcha al paro, vuelvo y se lo digo: este “paro no para”, porque razones para marchar y ganas es lo que hay.

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