Por: Cecilia Orozco Tascón

El pasado del DAS, nunca tan presente

“Colombia es adalid de la libertad en el hemisferio”, dijo pomposamente Pompeo (valga la cacofonía). Con esa frase hueca, el secretario de Estado de Estados Unidos intentaba darle gracias al Gobierno Nacional por la energía que este ha invertido disparando miles de cartuchos de salva contra Caracas mientras Maduro concentra más poder y Duque se desprestigia, también, en el frente externo. Pero, en cambio, Pompeo, que no desconoce lo que ocurre en la trastienda del continente, calla sus comentarios seguramente complacientes sobre la gran operación de espionaje ilegal que ha desplegado, esta sí con eficiencia, la administración en apenas un año largo de su mandato, y de la cual su primera víctima es, precisamente, la libertad.

El secretario de Estado no ignora que la institucionalidad del Ejército colombiano, puesto que sus generales iniciaron la cadena criminal, rompió su juramento de respeto a la Constitución cuando activó un plan delictivo que consistía en perseguir a altos servidores del Estado en los gobiernos regionales y en las otras ramas del poder, es decir, la Legislativa y la Judicial. Pompeo no puede ignorarlo aunque lo pretenda, porque, de acuerdo con la revista Semana, “los organismos de Inteligencia estadounidenses recibieron información de que los equipos técnicos de interceptación que habían donado (para desvertebrar bandas de narcotraficantes) estaban siendo mal utilizados”, con escuchas ilegales y seguimientos a las actividades de unos gobernadores que no se someten al mandato; congresistas de la oposición; magistrados de la Corte Suprema que procesan al jefe único del partido del presidente, y quién sabe si a otros togados; y periodistas de investigación. Aunque no sea asunto directo de su competencia, Pompeo debe haber recibido una carpeta que tuvo que hojear durante su vuelo con datos sobre la forma como sus impuestos y los nuestros se malgastan aquí por la que parece ser una manía recurrente del dictadorzuelo que teme ahogarse en sus líos judiciales y quien, por eso, intenta que nada, absolutamente nada, esté fuera de su control.

Eso sí, el secretario Pompeo no tiene por qué saber qué cosa era el DAS ni cómo se autodestruyó en la década del 2000 al 2010 cuando sus directores, subdirectores y mejores agentes emplearon a fondo su tiempo, recursos y habilidades en “chuzar” (como se llamó en la época) a un grupo de personalidades idéntico al del objetivo militar de hoy: congresistas y políticos contradictores del régimen, por ejemplo, Piedad Córdoba; magistrados de la Sala Penal de la Corte Suprema, como la valiente María del Rosario González, la Sala Plena de esa misma corte y sus presidentes Yesid Ramírez, César Julio Valencia y Augusto Ibáñez (q. e. p. d.). Y a los periodistas “de siempre”, según una de las fuentes de Semana. Entonces, como hoy, el Gobierno y sus escuderos negaban que habían armado y puesto en marcha la estratagema de las “chuzadas” y, como ahora, montaron planes de desprestigio contra los medios y reporteros que descubrieron los delitos oficiales. Entonces, como hoy, el activador y destinatario último del producto criminal es uno solo, tal cual consta en las carpetas del DAS (que también intentaron destruir) y en las que, ahora, guardan los detalles del allanamiento a las unidades de ciberinteligencia del Ejército. El nombre del beneficiario está escrito en uno y otro lado, no una sino varias veces.

En aquel momento, más de 20 funcionarios de alto perfil, entre ellos, el secretario general de la Casa de Nariño, dos directores del DAS, los jefes de Inteligencia y Contrainteligencia, los subdirectores de Operaciones y de “Fuentes Humanas”, y un largo etcétera de agentes especiales fueron condenados. Algunos recibieron rebajas después de llegar a acuerdos con la justicia para reducir sus penas a cambio de decir la línea completa de funcionarios que recibieron la información ilegalmente obtenida hasta ascender a la cabeza. La justicia conoció, por eso, la identidad del autor intelectual. Lo enfrentó pero no lo procesó. Veremos qué pasa hoycon los nuevos jueces.

Entre paréntesis. En esa época también se descubrieron micrófonos instalados en la sala donde deliberaban los togados. En esa década, la residencia del magistrado Ibáñez fue asaltada por unos enmascarados: la revolvieron de arriba abajo para llevarse sus dos computadores. En esos años, la Casa de Nariño ridiculizó las denuncias. Hoy se descubren dos micrófonos en el techo del investigador del que ya sabemos. Y… vuelven a ridiculizar el hallazgo. En estos años, la casa del magistrado investigador fue “visitada” por encapuchados y los drones rondan la sala de sus reuniones ¿Adivinen? Se burlan de sus reclamos. Hablamos de un pasado que nunca ha estado tan presente.

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2020-01-22T00:00:51-05:00

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2020-01-22T00:30:01-05:00

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