Por: Lorenzo Madrigal

El pasado en presente

TOMO EL TÍTULO DEL PROGRAMA DE TV sobre historia política que sustentaron por años Tito de Zubiría y Abelardo Forero Benavides, relatores como fueron de viejos episodios.

Y es que la carta que dirigieron los abuelos del Partido Conservador, Ignacio Valencia López, Enrique Gómez Hurtado y Mariano (Marianito) Ospina Hernández, es conmovedora evocación de un respetable pasado. Por su sentido y por su forma. Es una andanada, ciertamente, contra el presidente Santos, pero lo que impresiona es que viene del más allá.

Surgió de repente, la tenían reprimida y, como los espantos, asombró a los presentes. El lenguaje es de otra época: se habla de la “pitanza” o ración de comida que los remitentes, hijos de los jefes y jefes ellos mismos, estiman que es eso y nada más lo que le suministra a su partido este gobierno, al que venían apoyando.

La carta venerable, dirigida al joven representante David Barguil, convertido en jefe del Partido Conservador de la noche a la mañana, lo incita a que despierte y rechace la ración indigna. Éste, sin embargo, no se atreve a dar el paso a la oposición, a la que es llamado desde el más allá. Desprenderse de la “pitanza” no es bueno; es algo que se siente en las entrañas a la hora del sustento diario. A la hora de “yantar” la poteca, como también podrían haber dicho los signatarios de la epístola.

Pero no es cualquier cosa la directriz de estos venerables herederos, cuando no mayorazgos (no quiero decirles viejos, salvo viejos queridos), porque miren: de Casa Valencia, nido de Guillermo León y del gran poeta de Anarkos, está como retoño la vivaz senadora Paloma; de Enrique Gómez actúa en la hora de ahora su hijo, Miguel Gómez Martínez; de Ospina Hernández no hay herederos directos en la política de hoy, pero el legado de Ospina Pérez está vivo en muchos. Así que no es de despreciar la voz de estos mayores, que han resuelto de buenas a primeras apartarse de Santos y de su proceso de paz.

No escatiman diatribas contra el jefe del Estado. Emulando con el escritor Vallejo, en su chispeante conversatorio de paz, quien llamó al presidente “traditor traditorum” (“traidor de traidores”), los veteranos jefes le dicen que entró al poder, en lo que parece tomado de la parábola del mal pastor, por la puerta de los ladrones (!).

No se habían leído tan terribles críticas a un jefe de Estado en muchos años. Diría que el proceso Santos ha sufrido un lanzazo de muerte. Los ancianos jefes no son meros espantos de una casa vieja (buuu); sino, como queda dicho, respetables ancestros, que hay quien los siga y ¡ay! de quien no los acate.

Para el jefe Barguil, hacer oposición equivale a desinstitucionalizar al país. Para Virgilio Barco el sistema gobierno-oposición era algo sano para la democracia.

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