Por: Uriel Ortiz Soto
Comunidad y desarrollo

El pasado no perdona

¿Qué será lo que pretende Luis Guillermo Giraldo Hurtado? ¿Armar desde la Gobernación de Caldas una nueva tripleta como la de hace 30 años?

No se le olvide, señor Luis Guillermo Giraldo Hurtado, que su nombre en casi todas las reuniones sociales, económicas y políticas está asociado con el robo a Caldas.

Mejor dedíquese, a sus casi 80 años, a husmear las nostalgias del pasado, que si bien tienen algunos aspectos importantes de su vida, existen serios nubarrones que la empañan.

Por el solo hecho de lanzar su nombre como candidato a la Gobernación de Caldas se están reactivando las tempestades de corrupción del robo a Caldas y otros episodios de su vida; por lo tanto, se avecinan graves tormentas con rayos y centellas, que muy segura y vergonzosamente inundarán los cielos del departamento, sus municipios, corregimientos y veredas.

Todo este debate lo tendrán que soportar los respetables y humildes habitantes de Caldas, pero muy especialmente las generaciones de las últimas décadas, muchas de ellas sin el pleno conocimiento de causa de los bochornosos hechos ocurridos donde usted, señor Luis Guillermo, fue uno de los principales protagonistas, puesto que hasta a sus mayores les ha dado vergüenza enterarlos de tan viles acontecimientos.

Los medios periodísticos del nivel nacional y regional están preparando su artillería pesada para tan nefasta faena electoral, que muy seguramente dejará tendidos en la arena el día de las elecciones a tirios y troyanos, quienes se atrevieron a promover una candidatura espuria con un pasado lagunoso que esconde en sus entrañas los más vergonzosos episodios de corrupción en nuestro departamento, sus municipios y veredas.

Recordemos cuando el procurador de la época, Jesús Jiménez Gómez (q. e. p. d), lanzó en rueda de prensa la siguiente diatriba: “El departamento de Caldas se lo robaron y solo dejaron el mapa”.

Y no fue para menos, pues empezó el debate más vergonzoso contra la clase política y dirigente, que en épocas anteriores había sido modelo de desarrollo y ocupado los primeros puestos como pionera de honestidad y pulcritud en la administración pública.

A los caldenses de la generación de los años 60 y 70 les quedó en la mente la imagen nefasta de la tripleta de los mandamases de la época, que manejaron a su antojo en forma irresponsable y politiquera los destinos de Caldas: contratos leoninos, saqueos, robos, desfalcos, en fin, toda una gama de delitos que ocuparon las primeras páginas de diarios regionales, nacionales e internacionales.

La industria licorera de Caldas, por ejemplo, se convirtió en la caja menor para las campañas políticas; su nómina burocrática e innecesaria fue tan escandalosa que, a la entrada de la factoría, se apostaban todos los días y durante varios años cientos de burócratas que devengaban, pero no trabajaban, porque eran fichas inamovibles de la tripleta que gobernaba a Caldas.

¿No será que el señor Luis Guillermo Giraldo Hurtado se encuentra arrepentido de su tenebroso pasado y piensa que, con la llegada a la Gobernación, resarcirá los daños y perjuicios causados hace más de 30 años?

Lamentablemente aquí hay que citar la fábula del pastorcito mentiroso, que cuando quiso decir la verdad nadie le creyó.

Considero que a su edad lo mejor es que se dedique a consentir a sus nietos, dándoles buen ejemplo de ser personas útiles y serviciales a la sociedad; no se le olvide, señor Luis Guillermo, que el pasado no perdona y su candidatura a la Gobernación puede causarle una serie de incomodidades, puesto que en estos tiempos de lucha contra la corrupción las oportunidades para los pillos y ladrones de la administración pública y privada están totalmente minadas por las organizaciones de veeduría ciudadana y los organismos de control.

Los simpatizantes del CVY (cómo voy yo), señor Luis Guillermo, están muy preocupados, puesto que la época de las vacas gordas está llegando a su fin; han bajado de peso, padecen de insomnio y están tan desvirolados que se les ve hablando solos por las calles de sus propios infortunios.

[email protected]

848330

2019-04-02T20:00:00-05:00

column

2019-04-02T20:00:01-05:00

jrincon_1275

none

El pasado no perdona

20

4489

4509

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Uriel Ortiz Soto

El presidente Duque no está equivocado

Oh, Colombia inmortal y bicentenaria

Cuando el honor militar se mancilla

¿Hasta cuándo el hacinamiento carcelario?