Por: Lorenzo Madrigal

El patrón de El Nogal

Se dio el paso histórico, que se veía venir, el de una división a futuro. Dijo Luis Carlos Villegas que de nuevo se dividía el país, como en los tiempos de Obando y Mosquera, para no dejar hacer nada.

Pero la cosa viene desde Bolívar y Santander. El primer atentado en Soacha no fue el de Luis Carlos Galán: en esa misma localidad se tramó una emboscada para Bolívar por parte de los amigos de Santander, para no hablar de la nefanda noche septembrina.

Marroquín y Sanclemente, en el umbral del siglo veinte; el poeta Valencia y mi general Vázquez Cobo, hacia el año 30. Alfonso López tuvo reconocidas discrepancias con Eduardo Santos, durante la hegemonía liberal, unidos finalmente por el diario El Tiempo, donde colaboró por años Alfonso López Michelsen. Ospina y Laureano dividieron el conservatismo para siempre, hacia los 50.

El club El Nogal, de infausta recordación, parte en dos la llamada mesa de la unidad nacional con el lanzamiento encubierto, pero evidente, de la candidatura presidencial de Álvaro Uribe Vélez, en su segundo conato reeleccionista, hacia un tercer período, inconstitucional, por supuesto.

En la reunión derechista de El Nogal surgen, es un decir, varios pretendientes al trono de Uribe y, bueno, de José Obdulio, toda vez que este último se ha declarado nominador de presidentes. Acaba de decir, asombrémonos, que Santos no cuenta política ni electoralmente, pues es una ficha de la reserva uribista, que “pusimos” ahí (en el solio de Bolívar, entiéndase) por error.

Nunca lo había revelado, no lo sabíamos tan explícitamente: que el sibilino asesor ponía presidentes y ahora mismo, convertido en una especie de patrón de El Nogal (muy a distancia, claro, de la criminalidad de su primo), tiene una lista de precandidatos humildes, en defecto de Uribe, lista que encabeza Oscar Iván Zuluaga (insípido), seguido por Juan Lozano (indeciso), por Marta Lucía Ramírez (discursiva), por Fernando Londoño (tan impedido como Uribe), por Luis Carlos Restrepo (desaparecido, acaso refugiado) y por alguno más que se me escapa.

Allá en los albores del 2002, fue patente que Uribe demandó el apoyo de los entonces poderosos Santos y de su periódico y enfiló a Pachito en la candidatura a la vicepresidencia. Un Uribe ensoberbecido por el éxito dijo luego que Francisco Santos se había lagarteado el puesto.

Con Juan Manuel la continuidad no les funcionó. No tenía la corta dimensión del testaferro. Era, si se quiere, más grande que los dos sumados (Uribe y el insidioso asesor) y, por lo tanto, mal podrían dominarlo. Definitivamente fue un mal candidato para el gobierno del Octenio. No hay que decir que se desvió de ellos, porque si bien figuró en la alta nómina oficial, no tuvo la vocación del súbdito.

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