Gobierno anuncia 200.00 subsidios de vivienda entre 2020 y 2022

hace 11 horas
Por: Jorge Iván Cuervo R.

El pensamiento binario

El otro día en un evento académico en la universidad defendí la tesis de penas de cárcel para los máximos responsables de las Farc en los más graves crímenes, y un reconocido profesor universitario, de cuyo nombre no quiero acordarme, me señaló de ser vocero del procurador Ordoñez.

En otro evento académico, cuando se comentó mi postura sobre el tema, alguien señaló: “Cómo se ha vuelto de uribista este profesor”. En algunas columnas he defendido la importancia del proceso de paz con las Farc, y en algunos foros he sido señalado de columnista enmermelado, pero cuando digo que las Farc no merecen todo lo que les ha ofrecido el Gobierno, me señalan de enemigo de la paz.

He sido crítico de la gestión de Gustavo Petro, pero he llamado la atención sobre el sesgo con el que medios y algunos periodistas con intereses creados informan y opinan sobre él. Sus tuiteros pagos me acusan de pertenecer a las mafias de la contratación, y los anti petristas de tener o querer algún contrato en la alcaldía. Como esos, podría dar varios ejemplos, y muchos de mis colegas columnistas podrían citar otros más de naturaleza similar.

La polarización del país se refleja en el clima de opinión. O se es uribista o anti uribista; o anti santista o santista enmermelado; o petrista o anti petrista mafio–analista; facho o mamerto; animalista o asesino de animales, o pro causa igualitaria o un retrógrado. No hay punto medio, no hay ideas ni debate por fuera de las etiquetas. Gabriel Silva llama a Bruce McMaster, presidente de la Andi —algo así como el vocero de la oligarquía— enemigo de la paz y de tener un discurso de patrioterismo barato por plantear unas ideas razonables sobre políticas de industrialización; todavía recuerdo el lamentable intercambio de opiniones entre Morris y Gómez por el perfil que debería tener Canal Capital, y así, entre descalificaciones e insultos, entre señalamientos e improperios se desarrolla el debate en Colombia.

De esto no escapa ningún espacio, ni los medios, ni el Congreso, ni los ámbitos familiares, y claro, ni redes sociales como Twitter, que es el paraíso para los de lengua fácil y corazón caliente. Ahí cabemos todos, Uribe, Petro, y toda esa fauna de tuiteros de la que hago parte. Allí también he insultado, ridiculizado y dado debates insulsos, con personajes verdaderos o con cuentas falsas, en una suerte de delirio digital que tiende a agobiar.

Uribe llamaba amigos del terrorismo a todos los críticos de la seguridad democrática, Santos no baja de enemigos de la paz a los críticos del proceso con las Farc. Para doña Salud, todos los magistrados de las Cortes son unos sinvergüenzas corruptos, y para Claudia López toda alianza política con políticos tradicionales es un concierto para delinquir. No hay punto medio.

Desescalar dicen, palabreja que no existe, pero que denota la necesidad de bajarle al lenguaje agresivo, de reconocer en la contradicción dialéctica a un interlocutor legítimo, a debatir ideas con respeto, a no lanzar acusaciones ad hominem sugiriendo temas personales como fundamento de un argumento.

No es fácil dar ese salto cultural. El extremismo es cómodo porque no hay que argumentar ni demostrar lo que se dice. Alzar la voz y etiquetar se convierte en el recurso preferido para quien no tiene buenos argumentos.

No sé, el posconflicto sería algo como eso, poder debatir sin insultarnos ni agredirnos, claro, ni matarnos.

@cuervoji

578989

2015-08-13T22:40:07-05:00

column

2015-08-13T23:39:02-05:00

none

El pensamiento binario

22

3821

3843

 

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Jorge Iván Cuervo R.

El Estado para los vulnerables

El desafío global de la crisis

Volver a la normalidad

El Estado de vuelta

El desajuste