Por: María Elvira Bonilla

El perdón presidencial

Imagina que eres tú

Imagina que naciste en un pequeño pueblo

Imagina que su nombre es El Salado, un pequeño caserío en Carmen de Bolívar

Imagina que tienes amigos y familiares en ese lugar

Imagina que una tarde todo lo que conoces y das por sentado comienza a desmoronarse

Imagina que 300 hombres armados llenan de sangre todo lo que conoces

Imagina que te obligan a verlo

Imagina que las horas pasan y pasan y nadie, nadie llega a ayudarte

Imagina que milagrosamente sobrevives

Imagina que han pasado 10 años

Imagina que hasta el día de hoy sigues esperando ayuda

Imagina que puedes cambiar su historia, que puedes cambiar su futuro.

Con esta bella y breve síntesis del dolor que vivió aquel pueblo de 7.000 habitantes perdido en los Montes de María el 20 de enero de 2000, por cuenta de la inhumanidad y crueldad de los paramilitares de Salvatore Mancuso y Diego Vecino, comenzó hace año y medio una campaña para despertar la solidaridad entre los colombianos. La lideró Claudia García de la Fundación Semana con unos significativos y aleccionadores resultados de movilización de recursos del sector privado, del Estado y de las organizaciones sociales con los que se logró la recuperación de un pueblo que se creyó derrotado.

El pasado viernes el presidente Santos llegó a El Salado y le habló a los sobrevivientes de la masacre de El Salado, niños que hoy son jóvenes y muchachos que se volvieron adultos. Les pidió perdón en nombre del Estado y de la sociedad. Un hecho político y humano sin precedentes que llega al corazón de la reconciliación que reclama el país. El acto se realizó en la misma cancha de fútbol donde masacraron, entre burlas y humillaciones pavorosas, a 66 personas hace ya 11 años. Sesenta y tres campesinos recibieron el título de propiedad de tierras para cultivar, con las que reiniciarán sus vidas como campesinos dignos y libres. Es el primer paso de miles que habrán de darse de reparación material después de haber sido sancionada la Ley de Víctimas.

La reconstrucción física de El Salado empezó. Falta que regrese la vida con su diversidad, su creatividad y su fuerza para borrar definitivamente las huellas de dolor que aún ensombrecen a estos costeños, los reyes de la alegría. Falta que el porro vuelva a sonar y la gente vuelva a bailar para que el perdón presidencial adquiera todo su sentido.

Buscar columnista

Últimas Columnas de María Elvira Bonilla