Elecciones 2018: Colombia elige presidente

hace 4 horas
Por: Arturo Charria

El peso de las firmas

Existe un rumor entre los arquitectos sobre la Biblioteca Central de la Universidad de Indiana, en Estados Unidos: según cuentan, el edificio se hunde una pulgada cada año porque en su diseño no se calculó el peso de los libros.

Algo similar podría pasar en Colombia con el edificio de la democracia y las firmas que mes a mes son llevadas a la Registraduría Nacional para ser validadas. Basta con pensar en el volumen de las cajas llenas de firmas que en días pasados fueron dejadas por los aspirantes a la Presidencia, según la revista Semana, la cifra está por los 15 millones. Al igual que el arquitecto que diseñó la bella biblioteca, los artífices de la ley en Colombia no calcularon el peso de las firmas, pues un instrumento que tiene como propósito el fortalecimiento de la democracia puede hacer colapsar la misma.

No puedo dejar de pensar en los trabajadores de la Registraduría Nacional rodeados de esas cajas llenas de firmas: debajo de sus escritorios, encima de las tapas de los escusados, cajas sobre cajas. Estructuras de cartón que se multiplican y que llenan las oficinas; formas geométricas que se apilan y que, de existir un cielo para los gatos, sería ese edificio en el que de seguro están todas las cajas del mundo.

Pero en Colombia no solo se llenan cajas de firmas para que los candidatos aspiren a la Presidencia, sino que se recogen firmas en favor de todo y en contra de todo: en favor de las corridas de toros y en contra de las corridas de toros, para reelegir a Uribe y para destituir a los congresistas, contra la corrupción, en defensa del agua, contra la ideología de género, contra la minería, en favor de la pena de muerte para violadores de menores. Todo en nombre de la democracia; sin embargo, esto solo atomiza el ejercicio de la política, mostrando a ciertos caudillos como abanderados de microcausas que, “ante la falta de garantías” y de programas de partido, deben salir a buscar al constituyente primario en las calles.

En el caso de las elecciones presidenciales, muchos candidatos usaron la recolección de firmas como una manera de comenzar sus campañas, “sin estar haciendo política”. En el caso de los congresistas es una forma de mostrarse como “outsiders”, se venden como incomprendidos ante un sistema clientelista del que también hacen parte. En las administraciones locales, los políticos derrotados buscan revancha electoral a través de la revocatoria de mandato, como si se tratara de una segunda vuelta de facto.

En el Manifiesto comunista, Karl Marx usa la metáfora del Aprendiz de brujo, en donde un joven brujo que no es consciente de los poderes de la magia desata una tormenta que luego no puede controlar. Marx usa la metáfora para decir que esas fuerzas terminarán por destruir al capitalismo que tiene dentro de sí aquello que lo va a destruir. En Colombia los caudillos, congresistas y aspirantes a gobiernos locales son como aprendices de brujo, llevan cada semana cientos de cajas en nombre de la democracia a la Registraduría Nacional. No se dan cuenta de que con cada firma que llevan están hundiendo el inestable edificio de la democracia.     

@arturocharria

Buscar columnista

Últimas Columnas de Arturo Charria