Por: Luis Carlos Vélez

El peso va en picada por culpa de Santos, Duque y los polarizadores

Lo que está pasando con el dólar en Colombia es grave y es importante que todos lo entendamos sin pañitos de agua tibia del Gobierno, ni saña de la oposición. El lunes pasado la divisa se cotizó en $3.459, su máximo registro en la historia. ¿Qué fue lo que pasó?

Antes de entrar en la explicación de lo ocurrido en los mercados internacionales y la guerra comercial entre EE. UU. y China, que el Gobierno y los expertos sugieren como detonante, déjeme usar una de las analogías más útiles sobre la cotización del dólar que he escuchado. El precio de la moneda estadounidense es como la calificación de un país: si una nación está bien, el dólar tiene un precio bajo; si está mal, tiene un precio alto. Así de sencillo.

Si una nación atraviesa por una situación económica sana donde hay empleo, crecimiento, marco jurídico, estabilidad política e impuestos competitivos, es percibida interna y externamente como una nación sólida y por lo tanto su moneda es dura. Por el contrario, si el país carece de alguno o la mayoría de los anteriores atributos, es entendida como una nación débil y su moneda también. El mercado de divisas actúa como un lobo hambriento, le encantan el miedo y la sangre. Si un país demuestra debilidad y empieza a registrarlo en sus cifras entonces el lobo va a la caza y se lo come como presa viva.

Colombia está mostrando esos signos de debilidad. El más evidente está en la cuenta corriente, que mide la diferencia entre los ingresos y egresos de divisas que tiene un país producto de su actividad económica con el exterior. En nuestro caso el déficit de cuenta corriente se estima por el Banco de la República en cerca del 4 % para el final del año, un dato muy superior al considerado sostenible del 2,5 %. Esto significa que son más los dólares que salen que los que entran como producto de la actividad económica nacional.

El déficit creciente en cuenta corriente actual rompe con la manera romántica en que a veces miramos el alza del dólar. En nuestro país tenemos atornillado el análisis de que cuando sube la divisa estadounidense unos ganan y otros pierden, como si se tratara de una balanza que equipara los pesos; la realidad es que un déficit de cuenta corriente también indica que cuando sube el dólar perdemos mucho más de lo que ganamos.

La situación es preocupante. Trump está en guerra comercial con China y la está enfrentado con aranceles; los chinos, con devaluación. El mundo económico tiene miedo sobre las consecuencias de este enfrentamiento de potencias que, valga la pena anotar, son los dos mayores socios comerciales de nuestro país. El peso colombiano es la segunda moneda en el mundo con mayor devaluación en lo corrido del año después del peso argentino. Algo tuvo que haber pasado para que antes se dijera que estábamos blindados ante crisis internacionales como la actual y ahora seamos testigos de primera fila viendo cómo las papas queman.

Lo peor que podemos hacer es esconder la cabeza como el avestruz, hacer de cuenta que nada está pasando y asumir que esta crisis, como es global, es inevitable. Hace cinco años el dólar valía la mitad, entonces no se hizo nada, ahora tenemos una de las monedas que más se afectan con los choques externos. ¿Qué pasó?, ¿nos vamos a quedar quietos?

Esto tiene como culpables tanto al gobierno de Santos como al de Duque y también a aquellos que miran con romanticismo al modelo Venezuela-Ecuador-Argentina. Como se dijo, el dólar es la calificación de un país, y en esta crisis la culpa la tenemos todos. Es evidente que la polarización también nos está pasando factura en dólares.

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2019-08-12T00:00:34-05:00

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2019-08-12T00:15:01-05:00

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