Por: Daniel Pacheco

El placer de la soberanía

CELSO AMORIM, EL CANCILLER DE Brasil, abrió una puerta realmente fructífera para analizar el conflicto entre Colombia, Venezuela y Ecuador al parafrasear al escritor y humorista brasileño Millor Fernandes.

Amorim citó la siguiente frase, para explicar la posición de Hugo Chávez en el conflicto: “El hecho de que yo sea paranoico no significa que no sea perseguido”. Que el más alto funcionario de la diplomacia brasileña haya acudido a las palabras de Fernandes me sugirió que el pensamiento del humorista de Río de Janeiro encierra otras claves útiles para estos días belicosos.

Por ejemplo, no entendía, hasta que empecé a revisar las frases de Fernandes, cómo es que la frialdad andina de Correa y el calor caribeño de Chávez se habían enlazado en una amistad tan estrecha: “Afinidad: cuando dos personas odian a la misma persona, tienen la impresión de que se estiman”. Visto así resulta injustificado temer que Uribe sea un peligro a la unidad sudamericana, y esperar que Obama sea la garantía de unidad mundial.

Recurrir a la sabiduría de Fernandes ayuda a tranquilizar a quienes temen que la tensión entre Colombia y Venezuela llegue a desatar un enfrentamiento bélico: “Algo a favor del alcoholismo: nunca vi a cien mil borrachos de un país que quisieran acabar con cien mil borrachos de otro país”. Por eso será que los expertos dicen que la garantía de paz, más allá de todas nuestras diferencias, es que somos países hermanos.

A propósito de la reciente abundancia de autoproclamados mediadores que han surgido en Colombia, a nombre del interés de los pueblos y en contra de la personalización de las relaciones internacionales, Fernandes también hace aportes interesantes. “La democracia es la creencia en que una multitud de idiotas juntos puede resolver problemas mejor que un cretino solo”. Estaremos atentos a esas gestiones, pues con la fórmula Dussán, Samper, Córdoba la idea central de la democracia va a ser puesta a prueba.

Desafortunadamente Fernandes calla en un concepto crucial que se ha mencionado a lo largo de este conflicto: la soberanía. Según ha explicado Colombia en la mayoría de países suramericanos, el tener militares estadounidenses utilizando siete bases colombianas es una decisión soberana. ¿Qué diría Millor Fernandes?

Tal vez Fernandes empezaría por examinar la etimología de “soberano”. Encontraría que viene de la palabra superanus, del latín vulgar. El prefijo super nos habla de una preeminencia, de un poder sobre algo. Sobre el anus, que como viene del latín vulgar podemos intuir qué significa. Soberano, diría entonces Fernandes, es el que tiene poder de decidir por quién es sodomizardo.

La soberanía de Colombia, según lo anterior, debe decidir entre dejar que los gringos entren de frente a nuestras bases o aguantar que Venezuela y Ecuador nos penetren a escondidas apoyando a las Farc. Y aunque es doloroso que haya sido una decisión que se tomó justo cuando EE.UU. tiene su primer presidente negro, entre los candidatos para cuidarnos las espaldas Obama es el que ofrece quitarnos menos dignidad.

[email protected]

Buscar columnista

Últimas Columnas de Daniel Pacheco

Para Duque, el beneficio de la duda

Plata en las presidenciales

Democracia sí hay

El voto de los periodistas

¿Se acabó la democracia de “los doctores”?