Por: Columnista invitado

El poder de la imaginación

El conflicto armado ha afec-tado la capacidad imaginativa de los colombianos.

Los afectados directamente han ingeniado mecanismos, ya sea para sacar ventaja de los sistemas violentos que se fueron consolidando o para resistirlos y desmantelarlos. Los afectados indirectamente han imaginado a las partes en conflicto y las han convertido en héroes o villanos.

Hoy estamos atrapados. Analistas, políticos, líderes sociales, élites económicas de todas las tendencias son incapaces de imaginar cómo sería una Colombia sin conflicto. Imaginarla de verdad, con exmiembros de las Farc o de cualquier otro grupo guerrillero en cargos públicos, como empresarios, en las iglesias, en las escuelas, en las fuerzas armadas, en los clubes sociales, en los centros comerciales, en los hospitales, en nuestros hogares.

Miembros del Gobierno y de las Farc, por lo que uno lee en la prensa, están en un proceso de ingeniar mecanismos para desmontar el sistema de guerra que les ha permitido beneficiarse mutuamente del uso de la violencia y hacerse daño también. Diseñar un acuerdo que integre perspectivas de país distintas no es fácil. Mucho menos en cuanto, al parecer, a los equipos negociadores les cuesta imaginar una sociedad renovada, en la cual el tejido social se cohesiona a través de la diferencia.

El poder de la imaginación no radica en crear las realidades que se sueña, sino en generar rupturas y procesos que transforman la realidad. Qué mejor ejemplo que los retos que aún enfrenta en materia de desigualdad racial Estados Unidos 50 años después de que Martin Luther King dijera “tengo un sueño”. Y sin embargo, las condiciones son muy distintas, como lo confirma la presidencia de Barack Obama.

Romper los códigos (las tendencias) puede ayudar a imaginar nuevas realidades, como dijo Antanas Mockus al cerrar su cátedra sobre Cultura de Paz en la Universidad Colegio de Londres en septiembre pasado. Por eso, quisiera creer que ha llegado el momento en Colombia para que alguien, algunos, empiecen a imaginar una sociedad en paz. Imaginarla sin límites para desatar dinámicas que cuestionen no sólo cómo las partes en conflicto continúan fragmentando la sociedad a través del discurso de la paz, sino también cómo sectores de la sociedad civil ayudamos a perpetuar el conflicto al ser incapaces de imaginar un futuro sin violencia política.

Quizás la clave para superar la desconfianza entre las partes y el escepticismo de la sociedad frente al proceso de paz está en ir contribuyendo entre muchos a construir un discurso amplio que cohesione y libere el poder de la imaginación de una sociedad acostumbrada a vivir en conflicto. Es preferible que a uno lo tachen de ingenuo o iluso a resignarse a subutilizar la capacidad de imaginar sin límites. Es el poder de la imaginación lo que ha permitido que la humanidad conquiste el espacio y que millones de colombianos sientan que viven en el mejor país del mundo en medio de tanta adversidad.

Por: Andrei Gómez-Suárez* 

 

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