Por: Columnista invitado

El poder del futbol

Por: Alberto López de Mesa

Del futbol se dice que es el deporte rey, que es el nuevo opio del pueblo, que es un instrumento de alienación; ciertamente, la FIFA ya es un imperio económico con tentáculos de negocios en muchos frente del mercado: 5 torneos mundiales, inversiones en estadios y hoteles, negocios con todos los medios de comunicación, emporio comercializador de prendas deportivas y de jugadores. Es tan incidente su poder económico y político en el mundo que Joao Havelange, siendo presidente de la FIFA, cada vez que visitaba un país exigía ventajas diplomáticas como cualquier jefe de Estado, porque sabía perfectamente que los gobernantes reconocen y usan del fútbol el manejo masivo de pasiones y de conciencias e incluso se favorecen de ello para amansar una protesta cívica o para manipular la atención de la oposición.

Los hinchas de equipos de futbol son un fenómeno social que obliga a las ciudades un modelo especial de seguridad, y en algunos casos una adecuación de las dinámicas urbanas en espacios y movilidad cada vez que hay un enfrentamiento entre clubes de tradición. En muchas ciudades del mundo las barras futboleras constituyen una tribu urbana, una cosmovisión armada con los referentes del equipo: la historia, los héroes, los colores, los cánticos, al colmo de la idolatría y el apasionamiento que con frecuencia desembocan en actos vándalos y violentos.

En realidad ya no se reconoce una nación sin la cultura del futbol. De hecho, el futbol es un significante de la identidad de los pueblos: en lugares recónditos del mundo de reconoce a Argentina por Maradona, a Brasil por Pelé, a Colombia por el Pibe.

Las selecciones nacionales de futbol representan una imagen polivalente de los países, porque junto a ella va el nombre y los productos. Sin duda, las selecciones nacionales son embajadoras de la imagen corporativa de los pueblos que representa.

Por eso la clasificación de la Selección Colombia al mundial de Rusia 2018 tiene significados para los ricos y para los pobres. Los grandes emporios económicos (televisión, radio, café, telefonía, vuelos aéreos, ente otros) saben que con la selección clasificada están vendiendo, los empresarios de jugadores cotizan sus figuras. Eso en lo global, pero internamente también se mueve la economía, las tiendas de barrio abrirán sus puertas en cada partido, la pequeña industria surtirá al pueblo de camisetas, de cachuchas, de cornetas y de cuanta baratija se les ocurra para la fiesta del mundial.

Es una alegría para todos que Colombia esté en el mundial de futbol.

 

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