Por: Felipe Jánica

El poder del talento

A propósito de qué tan efectivas son las estrategias de las empresas, lo realmente importante es con quién se ejecuta. Sin duda existe mucha literatura respecto de planeación estratégica. La misma suerte ocurre con respecto a liderazgo. Pero por más literatura y mejores prácticas a rededor de estrategia y liderazgo, de nada vale si no se cuenta con un equipo de trabajo. Sin lugar a dudas, por más ambiciosa y rigurosa que sea la estrategia definida, ésta no valdrá de mucho sino se cuenta con líderes y liderados que remen para el mismo lado.

Existen muchos casos exitosos de compañías que han logrado hacerse sostenibles económicamente en el tiempo. Gran parte del éxito se le puede atribuir a qué tan estratégicas han sido. Con esto no sólo se trata de definir una estrategia clara y adaptable en el tiempo sino cómo y con quién se ejecuta. En efecto no sólo se trata de seguir al pie de la letra la literatura técnica en materia de estrategias y de liderazgo ni tampoco seguir de cerca los casos exitosos de empresas modelo. Más allá de ello, se trata de cómo se ejecuta la estrategia y con quién se ejecuta.

El trabajo en equipo es uno de los valores de cualquier empresa exitosa. Para lograr un trabajo en equipo exitoso es necesario que el talento humano, dicho sea de paso el activo más importante de cualquier empresa, esté conformado por buenos líderes y buenos liderados. Contar con un equipo de trabajo comprometido con la estrategia de la compañía es más valioso que contar con un par o un número limitado de profesionales brillantes. De hecho contar con profesionales brillantes dentro de los equipos de trabajo podría resultar en desafíos para los líderes de las compañías. Esto es, cuanto más trabajo brillante, pero de manera individual se ejecute en las compañías, menos estratégicas y menos resultados se concretan. Así las cosas, el gran desafío de las empresas es no sólo contar con profesionales brillantes sino lograr que éstos engranen perfectamente en un equipo de trabajo.

Uno de los grandes debates en torno de la ausencia de talentos en las empresas tiene que ver con la oferta limitada de los mismos. A mi gusto, uno de los principales errores de las compañías al momento de reclutar talento humano es tratar de buscar al mejor y al más brillante. Esto queda sin peso si al momento de encontrarlo, si es que lo encuentra, este talento no encaja perfectamente en una cultura empresarial con estrategias claramente definidas. El costo de estos errores poco o casi nunca se estiman, pero en verdad son onerosos.

El otro asunto importante en el desarrollo de las estrategias, es qué tan alineados están los líderes y liderados con las estrategias. Lo primero que hay que decir es que para ser un buen líder hay que ser primero un buen liderado. Aquél que se desempeñe en una posición de liderazgo, debería tener en cuenta que las estrategias de las compañías, haya o no haya participado de ella, debe no sólo aceptarla sino ser un promotor y propulsor de ella. De nada vale una estrategia definida por una empresa si finalmente sus líderes actúan como jefes.

Es que la diferencia entre un líder y un jefe es abismal. El líder en lugar de imponer persuade, mientras que el jefe no sólo impone a su parecer sino que olvida los principios básicos de cualquier estrategia: Los valores, la misión y la visión. Esta es sin duda uno de los principales desafíos del pensamiento estratégico. Es quizá tan comparables como las políticas de los gobernantes de turno versus la de los estadistas, éstos últimos son aquellos que piensan y ejecutan en y para el largo plazo, es decir para el beneficio futuro y perdurable de un país, no para su propio beneficio propio. En palabras sencillas un buen líder es el que logra no ser recordado como persona sino como un agente de cambio.

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