El poder y la propaganda

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Suele pasar que la propaganda buscada con apoyos dinerarios y toda clase de artilugios deja ver su falsedad y termina siendo contraproducente. No ocurre lo mismo en temporada electoral, pues es parte del bullicio y del frenesí acostumbrado y del cual no escapa nadie. En esto no hay engaño pues se sabe que en cada vocería de candidatos hay mentiras y es un juego de competencias.

Para el poder ya asentado y en el duro ejercicio conviene más un trabajo, por supuesto, honrado, silencioso, que se vaya dando a conocer por sus resultados, sin altoparlantes, sin avisos repetidos, en que las réplicas a la maledicencia sean las realizaciones. La modestia del alto funcionario acompañada de una severa dignidad lo harán lucir por sí mismo. Modestia con un sentido más cercano al de austeridad y no al de aquella que le endilgaba Churchill a su rival Clement Attlee: “Es modesto y tiene razones para serlo”.

 

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