Por: Luis Carlos Vélez

El populismo

El populismo es una estafa electoral; es la búsqueda de los votos bajo promesas que no se pueden cumplir, bajo discursos que suenan bien, pero que no tienen fundamento, bajo resentimientos que solo dejan revancha.

El neopopulismo latinoamericano, que ha tenido como exponente a Hugo Chávez en Venezuela, a Cristina Fernández en Argentina y a Evo Morales en Bolivia, ha tenido el mismo inicio, nudo y desenlace. Es el mismo cuento chino.

Todo empieza con una campaña política basada en divisiones, resentimiento y mentiras. Un discurso que promete el cielo, pero nunca dice cómo pagarlo. Una lista de gastos sin ingresos y, si estas fuentes aparecen, por lo general, están en las expropiaciones, el no pago de deudas y el ajuste de cuentas.

La película siempre es igual. Luego vienen los primeros meses de gobierno, unos de exuberancia donde el gasto fluye, la economía se activa, se fortalece el régimen, se reparte el pan y se compran conciencias. Pero, ya repartido el poder, los recursos y destruida la industria, aparece la quiebra, la inflación, la salida de capitales y la reducción en la inversion. Es el momento en que se acaba la gallina con los huevos de oro, se acaban los recursos y se hace evidente que la propuesta inicial, con la que se llegó al poder, es insostenible.

Los populistas responden a esa situación con mano dura. Castigan a quienes se quejan y callan a los que cuestionan. Vienen los cierres de medios, las rejas a los que preguntan más de la cuenta , los cierres del Congreso y los cambios de las reglas de juego y las Constituyentes. De la misma manera, empieza la cacería de brujas, que por lo general, al mejor estilo del Quijote, incluye el combate a un gigantesco enemigo imaginario que quiere acabar con el pueblo.

El desenlace es la miseria. El populista, que casi siempre se cree el mesías, un escogido con la verdad revelada, se ve acorralado por la situación, pero como tiene una misión superior a él, no da su brazo a torcer y convierte todo a su alrededor en una cruzada de ellos contra nosotros, en donde no cabemos todos y la única solución es la patria o muerte.

El populismo no es un cuento chino. Los países que lo probaron multiplicaron su miseria, alimentaron su division y retrocedieron décadas. La película es tan patética como repetitiva, pero lo más triste es que en Colombia no la hemos querido entender. Que quede claro, el populismo ya tuvo una oportunidad en América Latina y más recientemente en Bogotá y no funcionó.

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2018-02-11T21:16:51-05:00

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