Por: Óscar Alarcón
Macrolingotes

El porqué de la corrupción

Existe la creencia de que los llamados auxilios parlamentarios nacieron en la reforma constitucional de 1968, cuando lo cierto es que vienen desde 1886, cuando se aprobó la Carta de la Regeneración. Precisamente el presidente López Michelsen sostenía que el centralismo de la Constitución de 1886 había sido la más grande expropiación sin indemnización que se había hecho en Colombia. Por medio de ella, decía el ilustre jurista, se privó a los antiguos estados, sin ninguna compensación, de sus baldíos, de sus minas y de sus petróleos, por eso los departamentos se quedaron sin patrimonio.

“Lo que tienen ahora —afirmaba en 1986, en vísperas de celebrarse el centenario de esa Carta— es la largueza del Estado que periódicamente les extiende auxilios, bien por intermedio de los parlamentarios, bien por instituciones permanentes, como el situado fiscal, que los convierten en mendicantes del poder central”.

De ahí nacen, pues, los auxilios parlamentarios que hoy se conocen como cupos indicativos consagrados en la Ley 628 de 2000, que demandó el entonces candidato Álvaro Uribe y que la Corte Constitucional declaró ajustada a la Constitución. Eso, a pesar de que la Constituyente de 1991, recogiendo el rechazo unánime de la opinión pública, expidió una disposición de cumplimiento inmediato para impedir que esas partidas, que se encontraban en el presupuesto de ese año, no fueran ejecutadas. Pero siempre los gobiernos y los parlamentarios, ante el despojo que le hizo la Constitución de 1886, gritan “auxilio, auxilio, auxilio”.

Ahora, cuando se vuelve a revivir el tema de la corrupción —tan recurrente a lo largo de nuestra historia— se vuelve hablar de los auxilios, de los cupos indicativos y de la mermelada. Pero bueno es averiguar el porqué del fenómeno, para establecer cómo nos ha salido de caro —sobre todo de Caro— haber acabado con el federalismo de la Constitución de 1863. Han sido más de cien años de Soledad… Román.

 

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