Por: Mauricio Botero Caicedo

El precio del 'bozal'

ES DE TAL DIMENSIÓN LA CRISIS POlítica, económica y social que enfrenta Venezuela, que hasta el mismo Banco Central no se atreve a maquillar las cifras: la inflación en septiembre se aceleró y alcanzó su tasa más alta —en términos anuales— de los últimos tres lustros, con un 49,4%; la aguda sequía de dólares —en un entorno de débil crecimiento y alta inflación— ha frenado las vitales importaciones.

El emisor informó que en septiembre el índice de escasez subió por tercer mes consecutivo, a un 21,2%, es decir, de cada 100 productos de la canasta básica del venezolano, 21 no se encuentran en los mercados; entre 1997 y 2011 la producción de petróleo ha caído en 8%, el acero en 25%, vehículos 32% y azúcar 33%; hoy Venezuela —para regalarla entre los motoristas— se ha convertido en el mayor importador de gasolina de Estados Unidos.

Ante este sombrío panorama, a Maduro —acorralado por un nivel de desaprobación del 67% y más de 11 meses ininterrumpidos de aguda escasez de alimentos y desabastecimiento general— lo único que se le ocurre es crear un órgano de control que busca centralizar, jerarquizar y limitar la divulgación de información. Adicionalmente Maduro le echa la culpa de todos los desastres de Venezuela a un enemigo invisible, inodoro e incoloro como es el ‘sabotaje’, señalado por el Gobierno como culpable de la explosión hace un año en la refinería de Amuay que costó la vida de 47 personas, al igual que las sistemáticas fallas en el suministro de electricidad, incluyendo el incidente que dejó al 70 por ciento del país sin luz hace unas semanas. Venezuela cuenta desde hace unas semanas con una nueva herramienta para ‘luchar’ contra la ‘guerra económica y alimentaria’ que, según la literatura oficialista, resquebraja el sueño revolucionario de Hugo Chávez: un número de teléfono para recibir denuncias: 0800-SABOTAJE.

Veamos cuáles son las verdaderas causas de los problemas que enfrenta Venezuela: la explosión en la refinería es el resultado de haber puesto a Pdvsa a adelantar funciones para las cuales no estaba preparada, como los ‘mercados populares’; los ‘apagones’ son el resultado de la falta de mantenimiento en un país en que todo recurso económico se va en comprar respaldo nacional e internacional; la aguda escasez de alimentos y otros productos como el ‘papel higiénico’ se debe a las nacionalizaciones de las empresas industriales y una ‘reforma agraria’ que acabó con el campo; a los controles de precio y a la insensata política cambiaria.

Maduro igualmente afirma que “si la corrupción sigue, no habrá socialismo”. El antiguo chofer de bus no parece darse cuenta de que precisamente las dos principales fuentes de corrupción en Venezuela son los controles de cambio y de precios, ambas políticas resultado de poner en práctica un modelo económico y social denominado ‘Socialismo del Siglo XXI’, que nunca tuvo, no tiene ni puede tener éxito.

Chávez le colocó (y Maduro pretende mantener) a buena parte de los ciudadanos un ‘bozal de arepa’, dádiva que le permitió gobernar —con importante respaldo popular— durante más de 13 años. Sin embargo, el precio que ha tenido que pagar la nación por este ‘bozal’ es enorme y ni los extravagantes ingresos del petróleo van a ser suficientes para mantenerlo. Si Maduro cree que a punta de decretos coartando las libertades civiles, combinados con una ‘cacería de brujas’ a unos inexistentes ‘saboteadores’, y dejando simultáneamente intactos los caldos de cultivo de la corrupción como el Cadivi, va a detener el inexorable deslizamiento de su régimen al precipicio, está equivocado.

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Mauricio Botero Caicedo

El que primero termine en el suelo

Soltando una ráfaga devastadora de golpes

La posverdad, más conocida como el engaño

Contra okupas, desokupas