Por: Thomas L. Friedman

El precio no es correcto

Yo no espero mucho de la reunión del G-20 esta semana, pero si me pudieran conceder un deseo, los dirigentes de las 20 primeras economías del mundo se comprometerían a una nueva norma en la rendición de cuentas; llamémosle la contabilidad* del "El Mercado a la Madre Naturaleza".

¿Por qué? Porque ahora es claro que la razón por la cual estamos experimentando una desaceleración simultánea en el sistema financiero y en el sistema del clima se debe a que hemos estado errando los precios del riesgo en ambos campos: produciendo un enorme excedente tanto de activos tóxicos como de aire tóxico que ahora amenaza la estabilidad de todo el planeta.

Justamente de la misma forma que AIG vendió derivadas de aseguradoras a precios que no reflejaban los costes reales y los verdaderos riesgos de incumplimientos masivos (por lo cual nosotros, los contribuyentes fiscales, terminamos pagando la diferencia), empresas petroleras, empresas mineras y de servicio público que suministran electricidad actualmente están vendiendo productos del mercado de energía a precios que no reflejan los costos reales al ambiente y los riesgos verdaderos de un perturbador cambio climático (así que futuros contribuyentes fiscales terminarán pagando la diferencia).

Cada vez que se los precios de productos son erróneos y no reflejan los verdaderos costes y riegos asociados con su uso, la gente termina en el exceso. Y eso es exactamente lo que ocurrió en el mercado y en el mercado de la energía y el ambiente durante la burbuja del crédito.

Nuestras mayores empresas de servicios financieros, de las cuales se que consideró que algunas eran demasiado grandes para fracasar, participaron en complejos esquemas de transacciones financieras que no fijaron precios adecuados en los costes y riesgos de un revés del mercado. AIG, por ejemplo, estaba vendiendo seguros para todo tipo de instrumentos financieros y no tenía, por mucho, reservas suficientes para cubrir reclamos si las cosas salían muy mal, como terminó ocurriendo. Aunado a lo anterior, nuestras mayores empresas de energía, empresas de servicio público y de producción de automóviles se volvieron dependientes de baratos hidrocarburos que producen una abundancia de gases de invernadero y alteran el clima, y es claro que no los hemos obligado, a través de un impuesto al carbono, a considerar en sus precios los verdaderos riesgos y costes para la sociedad a partir de estos combustibles que alteran el clima.

"Cuando el balance general de una empresa no captura los costos y riesgos reales de sus actividades empresariales", y cuando esa empresa es demasiado grande para fracasar, "terminas en una situación en la cual éstas privatizan sus ganancias y socializan sus pérdidas", me comentó el copresidente de Infosys, la empresa india de tecnología. Esto es, todos logran acumular sus ganancias hoy y destinan un porcentaje de la ganancia neta al pago de bonos y dividendos actuales. Sin embargo, cualesquier pérdida catastrófica -- si la empresa es demasiado grande para fracasar -- "termina siendo socializada y absorbida por el contribuyente fiscal".

Es por esta razón que necesitamos una nueva regulación bancaria que controle el apalancamiento y transacciones especulativas que grandes bancos y empresas aseguradoras pueden acometer, de forma que ellas nunca más puedan volverse demasiado imprudentes de manera simultánea para ser reguladas pero demasiado grandes para fracasar, al tiempo que los contribuyentes fiscales son obligados a absorber el costo de los activos tóxicos que ellas acumulan. Y es por esto que también necesitamos un impuesto sobre las emisiones de bióxido de carbono; para que nosotros y nuestras empresas de servicio público no se vuelvan adictas permanentes al barato carbón que da como resultado menores tarifas de electricidad hoy, pero escupe una profusión de tóxicos gases de invernadero que, en lo sucesivo, deben ser cubiertos por las generaciones futuras.

Ese es el meollo de la redición de cuentas del "Mercado a la Madre Naturaleza". Empieza con la premisa en el sentido que la distinción entre el G-20 y las negociaciones de Copenhague sobre el cambio climático es totalmente artificial. Son meramente otras facetas del mismo problema global: cómo nosotros, como mundo, seguimos elevando los niveles de vida para cada vez más gente, en formas que no terminen haciendo, como un subproducto, que tanto el Mercado como la Madre Naturaleza produzcan enormes cantidades de activos tóxicos.

El viejo sistema, que ya llegó a sus límites financieros y ambientales, funcionaba de la siguiente forma: Nosotros construimos más y ms tiendas en Estados Unidos para vender más y más cosas, mismas que con frecuencia cada vez mayor eran producidas en cada vez más fábricas chinas impulsadas por más y más carbón, que ganaron cada vez más dólares para comprar más y más bonos T de Estados Unidos, los cuales fueron reciclados de nuevo a Estados Unidos en la forma de crédito barato para construir más y más tiendas y más y más casas, lo que dio origen a cada vez más fábricas chinas

Este sistema fue un poderoso motor de creación de riqueza y sacó a millones de personas de la pobreza, pero confiaba en que los riesgos al Mercado y la Madre Naturaleza se determinaran mediante precios insuficientes y que las ganancias fueran privatizadas en los buenos tiempos, mientras las pérdidas se socializaran en los malos. Este motor capitalista no tiene que ser descartado; le hacen falta algunas reparaciones. En primer lugar, necesitamos regresar a los aspectos fundamentales: crédito con responsabilidad, ahorro prudente, apalancamiento razonable y, lo que reviste mayor importancia, más ingeniería de bienes que meramente de productos financieros.

Algunas de nuestras mayores firmas en la esfera financiera se alejaron de su propósito original -- el financiamiento de la innovación y el financiamiento del proceso de "destrucción creativa", mediante el cual nuevas tecnologías que mejoran la vida de la gente reemplazan las viejas, explicó el economista Jagdish Bhagwati, de la Universidad de Columbia, en una entrevista en The American Interest, publicación trimestral. Más bien, agregó, demasiados bancos se involucraron en exóticas e incomprensibles innovaciones financieras -- para simplemente, ganar dinero del dinero --, las cuales terminaron como una "creación destructiva".

La "creación destructiva" ha lastimado tanto al Mercado como a la Madre Naturaleza. La regulación inteligente y el cobro de impuestos al carbono pueden curar a ambos.

 

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