Por: Salomón Kalmanovitz

El premio Nobel de economía

El Premio Nobel de 2011 fue concedido a Thomas Sargent y Christopher Sim por desarrollar métodos para cuantificar teorías espurias.

 

En efecto, el supuesto de expectativas racionales y la teoría de los mercados eficientes informan que los agentes toman las mejores decisiones frente a las políticas públicas y que los precios de los activos contienen información confiable que les permiten tomar las mejores decisiones, algo desvirtuado por la crisis global que nos embarga.

Los métodos econométricos tienen que ser muy elaborados y una forma de simplificar el material de base es suponer que el futuro replicará el presente de manera continua, lo cual se refuerza si los agentes tienen conocimiento apropiado del porvenir contenido en sus expectativas, racionales y predecibles, y en la información contenida en los precios. Pero la teoría psicológica que existe detrás de estos supuestos es contraevidente, por decir lo menos. Contra toda evidencia porque los agentes frecuentemente exhiben comportamiento de manada, tanto en las fases altas del ciclo económico, cuando la euforia los induce a asumir riesgos crecientes y se da una conducta aventurera colectiva, como en las recesiones cuando los agentes se tornan tercamente pesimistas, lo cual refuerza las tendencias depresivas de la economía. Keynes caracterizó este comportamiento como surgido de los “espíritus animales” que exageran las evidencias que surgen de la economía para tomar muchos riesgos o, por el contrario, exhibir un comportamiento conservador.

La teoría de las expectativas racionales es ingenua porque desde Freud se conoce que la conducta humana surge de sentimientos de amor y odio, de fobias, a veces sin base en la realidad, que tienen origen en traumas experimentados por las personas. Las conductas neuróticas obsesivas son corrientes entre los gerentes de las firmas y los operadores financieros, a pesar de o gracias a lo cual funcionan relativamente bien en los mercados.

Las elaboraciones estadísticas y econométricas que se han elaborado en los últimos 40 años son edificios complejos que están asentados sobre unos cimientos muy endebles: una psicología hedonista del siglo XIX que no contempla el lado oscuro de la conducta humana. Para lo que han servido las teorías de las expectativas racionales de Sargent es para insinuar que los agentes estatales siempre pretenden engañar al público pero éste no se deja, lo que sustenta la reducción de los impuestos y la disminución del Estado a su mínima expresión. La teoría sobre los mercados eficientes informa que toda regulación estatal es peor que el libre funcionamiento del mercado, lo cual sirvió para legitimar la ausencia de regulación financiera en general y de su segmento más explosivo, el de derivados financieros.

Larry Summers fue un practicante de estas ideas de reducir el Estado, la regulación y los impuestos. Él fue el secretario del Tesoro que propició el levantamiento de todas las restricciones que existían en la Glass & Steal Act de 1934 al sector financiero, favoreció la reducción de impuestos a los ricos y se opuso visceralmente a toda regulación del mercado de derivados. Venía de ocupar un alto cargo en Goldman & Sachs, el banco de inversión que administra las expectativas racionales del mundo. Simbolizó entonces la captura del gobierno por Wall Street. Parece que nadie le preguntó ni a él ni a Sargent al respecto.

 

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