Por: Eduardo Sarmiento

El Premio Nobel de Economía

La Real Academia Sueca sorprendió al entregar el Premio Nobel de Economía a dos personajes con pensamientos antagónicos y a un tercero menos conocido.

Eugene Fama aparece como el autor de la teoría más influyente del sector financiero y Robert Shiller como el gestor de los procedimientos y las predicciones que sirvieron para controvertirla por los hechos.

En los trabajos de Fama se sostiene que el sistema financiero tiende a un equilibrio en el cual se igualan los rendimientos de las acciones y bonos ajustados por el riesgo. Las discrepancias se corrigen rápidamente, configurando un cuerpo perfecto que predice mejor que cualquier mortal los acontecimientos del sector y representa la asignación más eficiente de recursos.

El resultado fue refutado por las valorizaciones de los activos que se presentaron antes de la crisis de los años 30 y entre 1982 y 2008, que fueron seguidas del desplome. Quedó al descubierto que el sector está expuesto a grandes perturbaciones que no pueden ser anticipadas por el mercado.

La investigación de Shiller está basada en la relación entre las ganancias de las empresas y el precio. En estudios de diferente tipo encuentra que esta relación sigue una tendencia estable en el largo plazo. Las alzas de las cotizaciones son seguidas por caídas. Si bien es cierto que la técnica desconoce el origen de las fluctuaciones de los precios y de su evolución diaria, suministra amplia información para predecir su comportamiento en el largo plazo. Con base en este simple concepto, Shiller anticipó la crisis de 2008, mostrando en un diagrama que la relación precio-ganancia había llegado al nivel más alto de la historia y que su desplome era inevitable.

En realidad, Shiller controvierte el paradigma de Fama, pero no avanza en una teoría alternativa; no explica cómo se originan los aumentos de precios y cómo se conectan con el largo plazo. En el fondo está diciendo que el diagnóstico de Fama se cumple en el largo plazo, que puede ser de 5 o 15 años, sin precisar qué sucede en el entretanto.

La verdadera explicación de la falla de la teoría del mercado eficiente de Fama está en el supuesto de equilibrio inspirado en la teoría general de competencia perfecta. El sistema financiero no está en equilibrio ni en el corto ni en el largo plazo. Opera con discrepancias entre la oferta, la demanda y enormes diferencias de rendimientos de las acciones y bonos; las variaciones de los precios de las acciones son una señal de que esa situación de desequilibrio persistirá durante un tiempo.

A diferencia de lo que ocurre en los mercados usuales de bienes perecederos, el alza de los precios induce un aumento en la demanda que la acentúa y amplifica. Lo propio ocurre en el descenso. Así, los precios bursátiles se mueven dentro de una burbuja de alzas y caídas que tienen lugar durante períodos largos y nunca paran. Esta visión se ilustra en detalle en mi libro Economía y globalización, publicado en marzo de 2008.

El incumplimiento de la teoría del mercado deficiente de Fama dejó en claro el hecho evidente de que el mercado no es el mejor medio para predecir el comportamiento del sistema financiero. Los agentes económicos que disponen de más información y recursos para participar en el juego están en capacidad de hacerlo mucho mejor y de obtener grandes fortunas. En este sentido, las burbujas constituyen una fuente de inequidad, ineficiencia e inestabilidad. Las autoridades económicas no pueden limitarse a predecirlas y dolerse de sus efectos destructivos; están en mora de frenarlas y erradicarlas.

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