El presidente Bolsonaro y el coronavirus: ¿El principio del fin?

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El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, en uno de sus pronunciamientos más controvertidos, contrariando las recomendaciones de la Organización  Mundial de la Salud y del Ministerio de la Salud,  se dirigió a los brasileños en cadena nacional, con el objetivo de “minimizar los riesgos relacionados con la pandemia de COVID-19 —y para pedir a los gobernadores el fin de la cuarentena, del  cierre de escuelas y del comercio”, adoptada en diversas ciudades del país— en un momento en que todo el mundo apela a sus ciudadanos para que se mantengan en aislamiento.

En su alocución, el presidente afirmó que no habría razón para el aislamiento de toda la población, dado que el grupo de riesgo es principalmente el de ancianos. En su más fiel estilo, calificó el coronavirus de “gripita”. Según él, Brasil, debido a su clima caliente y por tener una tasa tan alta de jóvenes, estaría protegido contra la pandemia.

Ante una población impactada, el mandatario intentó responsabilizar a los medios por la histeria colectiva.

Bolsonaro parece restar importancia al último informe del Ministerio de la Salud, según el cual, Brasil registra (hasta el balance del domingo) 4.256 casos de coronavirus y 136 muertos, 22 más que el día anterior. Un escenario alarmante en el que cualquier gobierno intentaría actuar con rapidez y eficiencia.

Las reacciones no se hicieron esperar. Cacerolazos en Río de Janeiro y Sao Paulo. Congresistas, expresidentes y juristas, todos se pronunciaron. Siete exministros de Salud divulgaron un comunicado rechazando las declaraciones de Bolsonaro. Afirmaron que “en el país hay tres grandes enemigos a ser combatidos: La emergencia sanitaria, la creación de medidas económicas que reduzcan el impacto de la pandemia, principalmente sobre los más pobres y el propio Bolsonaro. Además de esos dos frentes, que son por sí mismos desafiantes, tenemos que intentar neutralizar, todo el tiempo, la bestialidad del presidente de la República y de parte de sus seguidores”.

El Consejo Nacional de Secretarios de Educación (CONSED) afirmó que mantendrá la recomendación de los gobernadores del Estado en cuanto a la suspensión de las clases presenciales.

Como si no bastara, el presidente Bolsonaro utilizó la maquinaria gubernamental, gastó 4,8 millones de reales para producir una pieza publicitaria, cuyo eslogan es: “Brasil no puede parar. Salud y dignidad, Brasil definitivamente no puede parar”, con la cual busca convocar a los brasileños que no hacen parte de grupos de riesgo a salir del aislamiento.

No obstante, una jueza ordenó al Gobierno “abstenerse” de promover “piezas publicitarias” que sean contrarias a las medidas restrictivas impuestas por gobernadores regionales para contener la pandemia. La división en el país es más que evidente. ¿El mal manejo de la pandemia del coronavirus por parte de Bolsonaro será el comienzo del fin de su carrera política?

Profesora Universidad Externado de Colombia

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