Por: Uriel Ortiz Soto
Comunidad y desarrollo

El presidente Duque no está equivocado

Pretenden fumigar periodísticamente las semillas de un gobierno que pese a las dificultades en que recibió el país, a un año y ocho días de gestión, empieza a mostrar los primeros resultados.

Causan verdadera preocupación la saña e irresponsabilidad de algunos medios de comunicación a los que les ha faltado más objetividad para referirse al tema, creando entre la opinión pública la zozobra de estar gobernados por un presidente incapaz, cuando la verdad es que está sorteando tremendas dificultades para sacarlo adelante.

En las últimas semanas hemos visto a respetables medios de comunicación despotricar de la gestión del presidente Iván Duque; si bien no todo es color de rosas, como en el tema de seguridad, sí hay algunos avances en asuntos económicos, de infraestructura y de erradicación de cultivos ilícitos, reconocidos por los Estados Unidos.

Aunque al culminar su primer año de gobierno le han llovido rayos y centellas tildando su gestión de equivocada, debemos entender que, de acuerdo con su cronograma gubernamental, se trata de un mandatario serio y honesto con la plena convicción de sacar el país adelante.

El haber recibido un país tan descuadernado y con los más altos índices de corrupción, incrustada tanto en la empresa pública como privada, más la mermelada política para poder aceitar el aparato legislativo, no es tarea fácil de cumplir en cuestión de un año.

Continúo insistiendo en que el Congreso de la República, en un gesto de honestidad con los colombianos, debería convocar al expresidente Santos para que en sesión plenaria explique al país por qué firmó el Acuerdo de Paz con la guerrilla de las Farc en condiciones tan onerosas para los colombianos y favorables para los guerrilleros.

También para que explique el caso Odebrecht y otros escándalos de corrupción de marca mayor donde se encuentra seriamente comprometido y que, de acuerdo a las investigaciones que se adelantan, darían para separarlo del cargo o destituirlo, aun ostentando el título de expresidente de la República.

Es vergonzoso y aterrador que en el año del bicentenario, y después de 200 años de independencia, ciertos medios de comunicación aún conserven el estigma del servilismo, muchas veces producto de dádivas y jugosos contratos, para continuar sirviendo de juego y comodín de futuras prebendas.

Con el debido respeto por quienes piensan lo contrario al criticar la gestión del primer año de gobierno del presidente Duque —muchas veces con falsas apreciaciones y otras con frases salidas de tono—, es bueno recordarles que el país que recibió el presidente Duque fue todo un inventario de zafarranchos y desaciertos, promovidos durante los ocho años de gestión de Juan Manuel Santos.

Lo primero que tenemos que hacer es felicitar al actual presidente, puesto que tiene cerradas las puertas de su despacho a políticos y gamonales que desde siempre vienen usufructuando económicamente el poder estatal para obtener prebendas y nóminas burocráticas en favor de sus émulos que, en un cien por ciento, no son más que auténticos vagos, chanchulleros y malandrines que devengan, pero jamás trabajan.

Lo segundo es felicitarlo también por haber cerrado los grifos del presupuesto nacional, para impedir que parte de los dineros que pagan los contribuyentes vayan a parar al Congreso de la República a cambio de aprobar proyectos de ley presentados por el Ejecutivo, como ocurrió con la reforma política, la ley anticorrupción, entre muchos otros.

Es que debemos ser conscientes de que los congresistas, en su mayoría, estaban acostumbrados a negociar su voto para determinados proyectos de ley a cambio de mermelada y nóminas burocráticas. Esta costumbre es tan malsana y descarada que casi que nació con nuestra era republicana. Podríamos decir que con todo este embeleco antes del presidente Duque, los dos soportes de nuestra democracia eran la mermelada y la nómina burocrática.

Lo tercero es felicitar también al señor presidente por sus objeciones al Acuerdo de Paz firmado entre las Farc y el gobierno de Juan Manuel Santos, que finalmente se hizo y se protocolizó en el Teatro Colón, contrariando la voluntad de los colombianos que se expresaron en las urnas rechazándolo y pidiendo a gritos que fuese encausado por las normas constitucionales vigentes.

Estas y muchas otras falencias han hecho impopular la gestión del presidente Duque, pero quienes creemos en su honestidad y firmeza estamos seguros de que al final de su mandato nos entregará un país mucho mejor del que recibió.

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