Por: Pascual Gaviria
Rabo de ají

El presidente interno

Hace exactamente un año el expresidente Álvaro Uribe anunció por medio de una declaración sollozante que renunciaba a su curul en el Congreso. Según dijo, el llamado a indagatoria por parte de la Corte Suprema lo hacía sentirse moralmente impedido para actuar como senador y al mismo tiempo adelantar su defensa. Todo quedó en una especie de finta para medir a la Corte frente al “Estado de opinión” y reiterar que era indispensable para el gobierno de su aprendiz. En su momento varios medios reseñaron la llamada de urgencia de Duque a Uribe para pedirle que ocupara la curul, que fuera su soporte en un Congreso que ya se adivinaba hosco frente al Gobierno. Era un pedido de auxilio del presidente electo al “presidente eterno”.

Uribe se posesionó y el Gobierno parecía seguro de que no necesitaba a nadie más en el Congreso. Tenía a un invencible de su lado, los ministros podrían dedicarse a mascar documentos y rellenar cuadros: el político por excelencia sostendría a la tecnocracia desdeñosa de los trucos parlamentarios. Pero Uribe no pudo llevar del cabestro al Gobierno durante la primera legislatura. Bastantes veces fracasó impulsando las prioridades legislativas de Duque, y en algunos momentos decidió alejarse del Ejecutivo para evitar daños a su partido. Eso hizo que Marta Lucía Ramírez dijera que “una cosa es el Centro Democrático y otra el Gobierno”. Y que desde el CD dijeran que el Gobierno era un soplo de cuatro años mientras el partido tenía “vocación de permanencia”.

La actuación del expresidente comenzó con una sonada reunión con miembros de todos los partidos, incluidos congresistas de la FARC e Iván Cepeda, para salvar las salas de juzgamiento especial para militares y limitar la llegada de terceros a la JEP. La foto sirvió como portada de todos los diarios, pero al final el proyecto se hundió. El gesto conciliador no dio sus frutos. Pero tampoco la batalla a fondo le dejó nada al Gobierno en su afán de reformar el Acuerdo de La Habana. Uribe se empeñó en las objeciones presidenciales a la ley estatutaria de la JEP y el presidente decidió atender el guiño (no digamos la orden) para evitar una ruptura. Se usaron marrullas, reuniones de “alto nivel”, llamados a la opinión pública, alarmismo del fiscal general y fue derrota para el Gobierno y el CD. Al final Uribe llamó a un acuerdo partidista para salvar al menos dos objeciones, pero no fue atendido.

Antes, con la reforma tributaria, Uribe decidió alejarse del Gobierno cuando el ministro Carrasquilla propuso el IVA a la canasta familiar. El jefe del Centro Democrático descalificó la propuesta y a Duque no le quedó más que retirar el articulito. Días después apareció la grabación de Uribe que sonó a advertencia: “Necesitamos que Duque enderece, porque si no endereza nos va muy mal”. Uno de los pocos logros del Centro Democrático en el Congreso fue el hundimiento del proyecto anticorrupción, pero en esto, al parecer, no estuvo de acuerdo el Gobierno, que dijo apoyar su aprobación hasta último momento.

La reforma política y la reforma a la justicia, los objetivos más ambiciosos del Ejecutivo, hicieron parte del 30 % de los proyectos gubernamentales hundidos en el primer año. Al parecer la muñeca de Uribe ya no es la misma. El Gobierno le hace ojos a Vargas Lleras y propuestas provocativas al Partido de la U. Sin Macías el juego será aún más difícil. Sobre todo cuando el expresidente Uribe amenazó hace unas semanas con vetar a Lidio García Turbay. El veto terminó con su elección como presidente del Congreso. Ahora las grandes reformas parecen imposibles, y Uribe terminó compartiendo fracaso con Nancy Patricia Gutiérrez.

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2019-07-24T01:00:54-05:00

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