Por: Salomón Kalmanovitz

El presupuesto de 2009

EL GOBIERNO PRETENDE AUMENTAR DE manera exagerada el gasto público el año entrante, cuando viene creciendo de manera insostenible. Se le podría advertir que “la codicia rompe el saco”. En efecto, el presupuesto de 2008 alcanzará el 26,6% del PIB, mientras que para 2009 la orden presidencial es que ocupe el 28,5% del mismo. En 2002 el gasto público era sólo 22% del producto.

¿Cómo va a financiar el Gobierno  una expansión fiscal de 2 puntos del PIB (10 millardos de pesos o 5.200 millones de dólares) en un año? El Ministro de Hacienda cantó claro: no con impuestos, que ha estado devolviendo alegremente a los ricos. Se puede deducir entonces que va a aumentar la deuda externa e interna del Gobierno.

No tiene presentación que con la economía recalentada, la revaluación del peso recrudeciéndose y el Banco de la República enfriando la actividad, venga el Gobierno a pisar el acelerador a fondo, entorpeciendo la labor de la autoridad monetaria y fomentando la inflación. Por lo demás, va a buscar financiamiento en dólares, cuya traída va a sentenciar los exportadores colombianos a la quiebra. Aunque parezca gratis, el costo lo vamos asumir todos con el impuesto inflacionario y los productores con el dólar barato.

 Es paradójico que mientras más aumenta el gasto del Gobierno, más desmantelado ha quedado el aparato regulatorio del Estado. Se ha visto aumentar la corrupción, el despilfarro y la desidia y campea la doctrina del libertinaje del mercado. El Ministerio de Medio Ambiente  no regula la depredación del aire, las vías y las playas que hace la explotación carbonífera del Cesar (incluso a una de las empresas más acusadas se le acaba de entregar una nueva y enorme concesión sin condiciones) y regala los bosques a los madereros, mientras que la justicia cojea como siempre.

En otras áreas se vive similar situación: la vivienda de interés social está en sus rines; el seguro social sigue en su lenta y prolongada agonía; el Ministerio del Transporte feria miles de contratitos a los políticos que apoyan el Gobierno para hacer caminitos vecinales y está lejísimo de culminar las obras cruciales que requiere el país, mientras que los metro buses capturados por los corruptos siguen incompletos,  mulas muertas atravesadas en las vías principales de las ciudades. El Ministerio de Agricultura y el Incoder hacen contrarreforma agraria, legalizan la nueva distribución de la propiedad agraria generada por la violencia paramilitar; y todas las superintendencias mirando hacia el vacío. Se trata del crecimiento inaudito de un cascarón vacío, armado hasta los dientes, que es en lo que se ha convertido el Estado colombiano en lo que va de las dos administraciones Uribe.

Entonces se viene más gasto y más desperdicio: los gastos de inversión pasan de $22 billones en 2008 a $32,3 billones en 2009, un aumento, léase bien, de 46%. ¿Cuánto de ese gasto se va a ir a saco roto? Como lo ha demostrado Alejandro Gaviria aquí en El Espectador, el programa de familias en acción va a entregar subsidios a 3 millones de unidades familiares, cerca de 10 millones de personas beneficiadas, 60% de ellas en edad de votar, y me informan lenguas maliciosas que para recibir los chequecitos tienen que inscribirse en los puestos de votación de los barrios donde residen. Los gastos generales crecen 28% para atender este otro frente electoral del Gobierno. ¿Quién puede competir contra el Presidente?

Las transferencias a los departamentos y municipios,  cada vez más amarradas a los consejos comunitarios que organiza el mandatario, crecen 19%, cuando por ley no debían crecer sobre la inflación más 2 puntos. Sumándolo todo, ¿sí tiene sentido desestabilizar la economía cuando todavía está en auge? Lo que se puede concluir es que nunca en la historia del país se había hecho tan mal uso de tantos recursos públicos en beneficio de tan pocos.

 Cuña: tengo página en la web, así: http://www.salomonkalmanovitz.com. Gracias por visitarme.

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