Por: Salomón Kalmanovitz

El presupuesto de 2010

EL PRESUPUESTO DEL AÑO ENTRANte es poco realista, endeuda al país excesivamente y contribuye a empeorar la recesión económica que enfrentamos.

Este año el crecimiento de la economía debe caer entre 1 y 2%; para el año entrante, no tiene fundamento suponer que la economía va a crecer 2,5%, como lo hace el Ministerio de Hacienda para calcular el presupuesto. No es claro que Estados Unidos, Europa y Japón hayan superado la profunda recesión en que yacen y pocos esperan que súbitamente pasen a crecer positivamente en 2010.

El futuro nuestro está muy ligado al de los países avanzados, con el agravante de una guerra mediática en la que se empeña la administración Uribe que deteriora más nuestro comercio con Venezuela y con Ecuador. Estamos hablando de US$7.500 millones de exportaciones en 2008 que van a caer considerablemente este año y peor aún si continúa la escalada de agresiones con los vecinos.

Así las cosas, el PIB de 2009 se achica y el de 2010 se mantendrá estancado en el mejor de los casos. El Gobierno, sin embargo, proyecta un aumento de sus ingresos corrientes de 3,3% en 2010. De esta manera, el déficit del Gobierno central será mucho mayor al 4,3% proyectado para 2010, lo cual se enfrentará o con una mayor deuda o con un recorte de la inversión. Si se endeuda en dólares, revalúa el peso y perjudica a los exportadores, y si recorta la inversión la economía se va a contraer aún más.

El presupuesto de 2010 ($148,3 billones) es mayor al de 2009 ($140,5 billones), pero se proyecta aplazar unos gastos por $3 billones, con lo cual el presupuesto efectivo queda reducido a $145 billones, que lo hace igual en términos reales al del año anterior y no ayuda a que la economía salga de la recesión en que está hundiéndose.

Los gastos mayores están concentrados en el servicio de la deuda, 27,3% del presupuesto total, protección social con casi 20%, defensa 14,2%, que ya supera los gastos de educación, con 13,9%. Gastamos más en matarnos que en educarnos.

La nueva deuda crece el 15,1% sobre el acervo existente y eso es muy preocupante, al punto que hay un déficit primario de un punto del PIB o sea que nos endeudamos crecientemente para pagar por un déficit estructural y, además, por los intereses de la deuda que lo financiaron en el pasado. Es como el que tiene dos tarjetas de crédito y paga una con un crédito de la otra. El Gobierno está condenando a las generaciones futuras de colombianos a pagar una deuda creciente por gastos que no los beneficiaron. Y sigue devolviéndoles impuestos a empresas y a individuos.

La inversión total cae 17,6%, pero sobre una base que nadie entiende en que se considerara como tal el subsidio a la gasolina, que nunca ha existido: 42% del precio de la gasolina y 25% del diésel están constituidos por impuestos. Esta vez desaparece de la contabilidad. La inversión pública se mantiene en 4,3% del PIB, pero este es el único rubro flexible del presupuesto y el primer sacrificado cada vez que hay penuria fiscal. Esta vez la carestía será peor que de costumbre. Veremos a un Gobierno en año electoral ofreciendo promesas que no podrá realizar.

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Corrección: en una columna anterior insinué que Guillermo Perry fue gestor de la liquidación de la doble tributación, pero parece que en verdad fue César Gaviria el que lo hizo como ministro de Hacienda del gobierno Barco (Ley 75 de 1986).

*Decano de Economía de la Universidad Jorge Tadeo Lozano.

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