Por: Fernando Toledo

¿El primero?

Si la patria, como afirmamos algunos, se relaciona con el habla y la cultura, la elección de un papa cuya lengua es el castellano a pesar de la estirpe italiana nos toca muy de cerca. No muchos papas de la historia han tenido el español como su idioma; acaso ninguno.

El primero de origen ibérico, aunque seguro se expresaba en latín, fue un hispano latino, un galaico nacido en lo que es hoy Portugal, san Dámaso I, quien vivió cuando empezaba a gestarse el fin del Imperio romano tras la determinación de Constantino de trasladar su capital a Bizancio, la hoy deslumbrante Estambul. Este pontífice, el número 37, tuvo la dicha de presenciar la primera conversión al cristianismo de un emperador y, entre otras aportaciones, suya es la axiología de “Gloria al padre, al hijo y al Espíritu Santo, como era en un principio, ahora y siempre por los siglos de los siglos, amén”, que se sigue utilizando hasta la fecha.

Los otros dos papas ibéricos de la historia, que sin duda hablaron castellano aunque cabe la posibilidad de que se hayan expresado mejor, y hasta rezado, en el muy antiguo dialecto de Valencia, porque eran de esta región, pertenecían a la misma familia. Calixto III, Alfonso de Borja, reinó entre el 1455 y el 1458. Se dice que fue electo como muestra de afecto de los cardenales por un coterráneo suyo, el dominico Vicente Ferrer, pero al parecer en la escogencia pesó la influencia política del rey Alfonso V, llamado el Magnánimo, quien era el soberano de Mallorca, Cerdeña, Sicilia, Nápoles y Aragón. Este papa apenas si se recordaría a no ser por el nombramiento como cardenal de un joven de 25 años, sobrino suyo, quien no mucho después ocuparía el trono de San Pedro con el nombre de Alejandro VI. Era Rodrigo de Borja, o de Borgia, el padre de César y de Lucrecia y tal vez uno de los pontífices de vida más disoluta de quien se tenga memoria. A su muerte llegó al pontificado un italiano, Julio II, lo cual, salvo el muy breve papado del holandés Adriano VI, se convirtió en tradición hasta Juan Pablo I.

Casi seguro que los primeros balbuceos de Su Santidad Francisco fueron en italiano, en vista de que sus padres eran emigrantes, pero es innegable que con los hermanos, los vecinos y en la escuela hablaba español. Por lo tanto, el castellano es su idioma y resulta un hecho cultural muy significativo que, quizá por primera vez en la historia, a juzgar por la muy posible contigüidad con otras lenguas de los papas ibéricos, un sumo pontífice, amén de ser el primer americano, acaso sea también el primero que se dirija a Dios con exactos vocablos a los que utilizan para rezar alrededor de cuatrocientos millones de católicos.

 

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