Por: Alvaro Forero Tascón

El problema de Duque es la agenda

La agenda es el instrumento político más importante de un gobierno. No la lista de sus iniciativas, sino su propósito histórico.

La agenda establece el papel que debe jugar un gobierno en el momento histórico que le corresponde. Hay gobernantes capaces que no cumplieron con el papel que se requería de ellos porque no entendieron su época.

Diseñar una agenda acertada requiere del diagnóstico correcto del momento, y es fácil errarlo por razones ideológicas, conveniencias electorales y opacidad de épocas atípicas o complejas. Los tres últimos presidentes colombianos tuvieron agendas claras que les dieron gobernabilidad, recursos económicos y apoyo internacional. Pastrana y Uribe, agendas impuestas por las circunstancias: buscar salidas a la crisis (negociación mientras Plan Colombia) y combate a las Farc (seguridad democrática). Santos, fruto de una oportunidad histórica, pero audaz por tener que nadar contra la corriente (la paz). El mundo no entiende cuál es la agenda de Duque, y muchos que votaron por él hoy dudan de su pertinencia histórica.

Buena parte de los problemas políticos del presidente Iván Duque son de su agenda: carece de una una clara y la que ha surgido con los meses es contradictoria. La mayoría de agendas surgen de la idea electoral que conquista el poder. Duque ganó la Presidencia con la promesa de detener al “castrochavismo”. Pero esa era una idea para ganar y no para gobernar. Juntaba habilidosamente dos enemigos: al gobierno Santos y su coalición partidista que supuestamente estaban “entregando el país a las Farc”, y a Gustavo Petro, quien supuestamente llevaría a una venezolanización con políticas chavistas. Pero Duque no ha podido instrumentar esa agenda porque era falaz: el primer supuesto era falso, no se le había entregado poder real a las Farc, y el segundo era un fantasma que no se materializó. Los colombianos no han visto a Duque luchar contra dragones castrochavistas, sino crear unos propios.

La agenda que ha surgido a tientas se basa en dos ideas contradictorias que se están canibalizando: la bandera populista del No en el plebiscito y la antipopulista del dique anti Petro en las elecciones presidenciales. Esas dos propuestas lograron ampliar la base política más allá del tercio del electorado, que es el verdadero tamaño del uribismo. En las encuestas, Duque y Uribe se mueven entre el 38 % y el 29 %, en la primera vuelta obtuvieron el 39 %, en las legislativas lograron cerca del 20 %. Pero esa porción del electorado es muy inferior a nivel local y vienen elecciones locales, mientras las encuestas muestran que tener gobierno no los va a jalonar. Como los intereses del partido de gobierno son distintos a los del Gobierno porque ya no hay reelección presidencial, han presionado al presidente para que reintroduzca la bandera del No en el plebiscito, que siendo populista, no coincide con la antipopulista de Duque. Esa agenda populista hoy carece de viabilidad, pero sí reproduce el pesimismo y la crispación que tanto daño le hicieron al gobierno Santos y que están golpeando fuertemente al gobierno Duque.

El presidente solo va a lograr gobernabilidad, apoyo electoral e internacional construyendo una agenda de gobierno distinta a su bandera electoral falaz, como hizo en su momento Juan Manuel Santos.

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2019-07-01T00:00:09-05:00

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2019-07-01T00:15:01-05:00

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