Por: Daniel Pacheco

El problema de fondo en las FF. MM. es civil y se llama Botero

Algo pasa en las FF. MM. y tal vez el problema de fondo tiene más que ver con los civiles que están a cargo, sobre todo su cabeza principal, el ministro Guillermo Botero, que con los militares por estos días involucrados en actos de corrupción como los que revela Semana y el retorno al perverso conteo de bajas que mostró The New York Times.

Hoy vale la pena volver sobre una de las tesis centrales del libro de Eduardo Pizarro De la paz a la guerra, según la cual el crecimiento de las guerrillas en Colombia se debió al “divorcio” artificial impuesto por el presidente Alberto Lleras Camargo en 1958 entre civiles y militares, “entre la política pública y la conducción de la guerra”.

En los años 60, cuando las Farc y el Eln eran guerrillas pequeñas y Colombia estaba pensando más en la reciente Violencia partidista y en la dictadura militar de Rojas Pinilla, el entonces senador Raimundo Emiliani lanzó una frase que plasma los efectos perversos de la famosa doctrina Lleras, según las cual los militares se debían ocupar solo de la guerra y los civiles de la política. “El problema de este país”, dijo Emiliani, “es que los militares se ponen a estudiar sociología y política, y comienzan a conspirar cuando se vuelven políticos”.

Emiliani estaba criticando las visiones llamadas “desarrollistas” de militares como Alberto Ruiz Novoa y Álvaro Valencia Tovar, según las cuales para atajar el crecimiento de las guerrillas era, en palabras de Ruiz Novoa, “urgente e inaplazable modificar las estructuras de nuestra sociedad”; es decir, había que desarrollar el campo y no solo tirar plomo y bombas. Ambos generales fueron bruscamente separados de sus cargos, según cuenta Pizarro.

En las FF. MM. colombianas se cultivó desde entonces, y hasta la llegada de la generación del 98 de los generales Tapias, Mora y Herrera (con el apoyo del ministro Rodrigo Lloreda), lo que yo llamaría un embrutecimiento del estamento militar. Oficiales dedicados a hablar en verbos infinitivos, a “defender la patria”, sin ninguna estrategia o colaboración del estamento civil. Militares Emiliani: obedientes e ignorantes.

Esto cambió en Colombia a partir de una profunda reflexión entre civiles y militares cuando por primera vez, en los años 90, las Farc amenazaron con tomarse el poder. Desde entonces, y gracias a esos cambios, entre otros factores, las FF. MM. retomaron la iniciativa militar, elaboraron sofisticadas estrategias y lograron derrotar a esta guerrilla.

Pero hoy el problema del embrutecimiento parece emanar de otra dirección: la civil. La ignorancia del ministro Botero en temas militares distintos a los negocios de vigilancia contrasta con la preparación de una fuerza de oficiales en la que más de 500 de ellos tienen estudios de maestría o superiores. Ignorancia recientemente plasmada en el episodio de los robos de ropa tendida del Vichada, que parece estar instaurando una doctrina de facto, la doctrina Botero: un divorcio neuronal entre los estamentos civiles y militares, que progresivamente se soluciona nivelando por lo bajo, poniendo al mando a militares más parecidos al ministro, que a un ministro más parecido a generales como Mora, Ruiz Novoa o Valencia Tovar.

Un detalle gramático de la famosa directiva de Nicacio llama la atención. “Las afectaciones es la suma aritmética de presentaciones voluntarias, capturas y muertes” (sic), dice la directiva del hoy comandante del Ejército. Muy similar textualmente a la del general Montoya del 2007: “Las bajas no es lo más importante, es lo único” (sic).

Ojalá en el futuro no tengamos que preguntarnos —como se preguntan hoy analistas como Eduardo Pizarro si se podría haber evitado medio siglo de guerra insurgente con una mejor estrategia militar— si con una mejor dirección civil se podría haber ganado el posconflicto.

@danielpacheco

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2019-07-09T02:00:52-05:00

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2019-07-09T02:15:01-05:00

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