Por: José Fernando Isaza

El problema fiscal

LOS JAPONESES EMPLEAN UNA METÁfora para describir los riesgos en tiempos de crisis.

Imaginan un mar que en marea alta oculta las peligrosas rocas; al bajar la marea quedan al descubierto y se hace visible la amenaza. Algo similar puede aplicarse a las finanzas del Gobierno Central. En el período de crecimiento mundial la economía colombiana también creció, ayudada por los altos precios del petróleo, carbón y níquel, y por el intercambio comercial con Venezuela.

Ante la realidad de una recesión mundial, de la caída de las exportaciones a Venezuela y la disminución de precios de nuestras principales exportaciones, el panorama se torna complicado, aparecen las agudas rocas del déficit fiscal, con peligrosas aristas causadas por un gasto público creciente, y las exenciones impositivas a los sectores económicamente más poderosos.

¿Cómo se van a financiar los requerimientos en salud, pensiones, educación, gasto militar y las inversiones que se requieren para adecuar la infraestructura?

Para el año 2010, el presupuesto de gastos del sector central representa el 25% del PIB pero los ingresos sólo son el 20,3%; el déficit asciende al 4,7% del PIB. Hay unos gastos inaplazables. La deuda pública demanda el 7,4% del PIB. El pago de pensiones con cargo al fisco sobrepasa los 4,5% del PIB. El gasto en salud representa el 7,3% del PIB; hasta ahora la mayor parte está financiada con aportes de los usuarios. Agréguese a lo anterior el gasto militar que se estima, sin pago de pensiones ni amortización del pasivo pensional, en el 4,5% del PIB. Sin tener en cuenta los gastos en educación, en justicia, en vías, el 93% del ingreso tributario ya está comprometido.

La situación hacia el futuro se complica. Para las próximos cuatro años el gasto en salud se estima subirá en 4,2 puntos adicionales del PIB; la financiación con nuevos impuestos al cigarrillo, licores y juegos de azar, escasamente cubrirá una cuarta parte de los requerimientos adicionales.

El pasivo pensional a cargo de la Nación seguirá en aumento. La mayor esperanza de vida unida a la inflexibilidad de modificación del régimen pensional de la Fuerza Pública, permiten estimar que los pagos pensionales pueden llegar al 8 ó 9% del PIB.

En síntesis, para cubrir los gastos del Estado se requerirán profundos ajustes tributarios.

El próximo gobierno deberá iniciar los correctivos para garantizar la sostenibilidad fiscal. No es fácil tarea y si la política es continuar la obra del actual presidente, al menos en esta materia, los resultados pueden ser nefastos.

Perogrullo diría: para resolver el problema del déficit fiscal, se deben aumentar los recaudos y disminuir los gastos. Lo primero es una reforma tributaria; una dificultad son los llamados “contratos de estabilidad tributaria” que hace inmunes a las grandes empresas de contribuir con los gastos adicionales del Estado; a esto se agregan los generosos incentivos por localización en zonas francas o por inversión en activos fijos, que les reducen el impuesto de renta al 33%, a una tercera parte.

Una evaluación de esta política deja grandes inquietudes. Meléndez y Galindo muestran que “los costosos incentivos tributarios no tuvieron ningún impacto sobre el notable aumento de la inversión en los años pasados”. Por otra parte creció el desempleo al 14,6%, el mayor de América Latina, y más del 60% del empleo generado fue informal.

Habrá que actuar sobre el inequitativo modelo que hace que los más poderosos paguen menos impuestos; los convenios de estabilidad deberán modificarse. Quienes lo tienen se opondrán. ¿Qué tal pensar en una reforma constitucional que permita su modificación, en aras de los principios de equidad y justicia?

De todas formas la Constitución de 1991 ya ha sido modificada 22 veces por motivos menos importantes.

Rector, Universidad Jorge Tadeo Lozano

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