Por: Hernando Roa Suárez

El proceso de paz y las universidades

“Tengo, especialmente en cuenta que hay un grupo pequeño, aunque determinado a actuar en cada nación, compuesto por individuos que sin tener en cuenta las consideraciones sociales y las limitaciones, considera la guerra como la fabricación y venta de armas, y simplemente como una oportunidad para aumentar sus intereses y autoridad personal. ¿Cómo es posible que esta pandilla doblegue la voluntad de la mayoría que pierden y sufren con la guerra al servicio de sus ambiciones?” (Carta de Einstein a Freud).

Estamos en vísperas de elegir Presidente de la República para el intervalo 2014-2018. Una de las conclusiones precisas que podemos deducir del desarrollo de la campaña, es que ella se ha centrado en torno al manejo del futuro de la construcción de la paz, encontrándose dos tendencias: Una, la presidida por el señor Presidente Santos, que propone terminar el conflicto por la vía del diálogo, habiendo alcanzado hasta la fecha, importantes avances y respaldos nacionales e internacionales, por el método empleado. La otra, es la encarnada por el señor senador Uribe y el candidato Zuluaga que, después de algunos zigzagueos y mutaciones en su propuesta, tienden a poner condiciones a las FARC que, en un primer momento, desbordan sus expectativas y conducirían a continuar el proceso de la guerra adelantada en el intervalo 2002-2010.

Los analistas de la situación colombiana hemos planteado - desde hace decenios - que el problema más significante de solucionar por parte del sistema político colombiano, es el concerniente a la terminación del conflicto y el avanzar en el proceso que conduzca a la construcción de la paz. Como conocemos, dicho proceso llevará decenios y hay que proyectar el quehacer para el corto, mediano y largo plazo.

Teniendo en cuenta las consideraciones anteriores y el papel sustantivo que en él deben desempeñar las universidades públicas y privadas, preguntémonos: ¿Qué orientaciones básicas podemos plantear para estos centros del saber? Me permito enunciar algunas: i. Seguir contribuyendo eficientemente en la tarea del Consejo Nacional de Paz, según la normatividad vigente. ii. Utilizar la capacidad de convocatoria y responsabilidad de los rectores y decanos, para facilitar la reformulación de los currículos, tanto en ciencias sociales como naturales, para organizar espacios académicos vinculados a la construcción de una nueva cultura de paz. Es decir, de una nueva forma de ver, vivir y sentir en nuestro país la ausencia de violencias abiertas y estructurales.

iii. Organizar en las universidades diplomados, especializaciones, maestrías y doctorados sobre los distintos aspectos del proceso de paz (liderazgo político, resolución de conflictos, pedagogía de la convivencia, zonas de paz, políticas sociales, relaciones internacionales, y gobernabilidad...). iv. Fortalecer los centros de investigación y los proyectos sobre la paz, teniendo en cuenta el interés internacional sobre la conveniencia de avanzar en nuestro proceso de paz. A nadie debe escapar que el caso de Colombia es un escenario privilegiado para adelantar serias investigaciones sobre el tema.

v. Celebrar alianzas estratégicas, nacionales e internacionales, para facilitar el surgimiento de una nueva cultura de paz. vi. Formar técnicamente grupos profesionales para administrar y difundir –pedagógicamente- las nuevas culturas en torno a la construcción de la paz y el manejo del postconflicto.
vii. Realizar análisis e investigaciones universitarias, en conexión con los actores que, más allá de estar inmersos en el conflicto, han venido construyendo procesos paralelos de convivencia pacífica en diferentes espacios locales y regionales. viii. Dialogar con los actores en un contexto internacional y con especialistas que hayan desarrollado esa reflexión teórico-práctica en otros contextos.

ix. Monitorear los trabajos desarrollados por otros actores, en regiones de países distintos. Este seguimiento permite adentrarse en otras culturas, conocer métodos de racionamiento y técnicas de tratamiento y transformación para la paz. x. Acudir a la colaboración y el apoyo de instituciones expertas en la problemática de la paz y la solución de conflictos, al estilo de Naciones Unidas y TRASCEND, por ejemplo.

xi. Examinar y reformular las experiencias y aportes de las universidades públicas y privadas, vinculadas a los procesos de reinserción; y xii. Replantear la formación política ofrecida a los estudiantes, para facilitar su compromiso con los principios de la democracia participativa, los partidos políticos y los movimientos políticos y sociales -de tal manera- que se cree una cultura política capaz de derrotar las prácticas clientelistas, guerreristas y corruptas vigentes.
Notemos que, como universitarios, no debemos seguir siendo espectadores y la Asociación Colombiana de Universidades (ASCUN) y la Red de Rectores Universitarios por la Paz, están invitados a seguir produciendo resultados para facilitar la presentación de alternativas que sean viables de implementación. Nos corresponde intervenir en la más ardua tarea, donde está en juego el destino democrático de nuestra gran Nación. El espíritu belicista debe ser confrontado por una muy bien informada y planeada solución política negociada. Claro está para los colombianos conscientes, que es indispensable reformular las macropolíticas y alternativas para la paz en Colombia. ¿Será que el cuestionamiento einsteniano, que está planteado en el epígrafe, tiene vigencia, si se trata de construir una alternativa creativamente histórica, frente a la guerra en Colombia?

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