El proyecto laboral de Uribe

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La propuesta del presidente Uribe de reducir de 48 a 45 horas la jornada laboral semanal, con la garantía del mismo salario mensual, no es nada diferente a un incremento salarial para miles de colombianos.

Quienes han pedido y recomendado el aumento de los salarios desde plataformas políticas de izquierda no deberían ahora oponerse a la propuesta del presidente Uribe solo porque viene de él. Eso sería más que una terquedad ideológica. En términos prácticos, los efectos de la propuesta parecen ser positivos en relación con el bienestar de la gente. Los argumentos a favor de la propuesta son razonables: más bienestar para la gente, incluso con la posibilidad de mejorar la productividad laboral —personas más contentas trabajan mejor—. ¿No son acaso estas algunas de las razones de quienes defienden aumentos un poco más agresivos en el salario mínimo? El que este tipo de propuestas vengan de la derecha tradicional es bueno para la agenda progresista del país.

Frente a las críticas que he escuchado sobre el proyecto de ley, dudo que una reducción de tres horas en la jornada laboral sea lo suficientemente seria para intensificar el desempleo o que las empresas vayan ahora a aumentar mucho más el esfuerzo de los trabajadores en las 45 horas. De poder hacerlo, las empresas lo estarían haciendo antes del proyecto de ley. Los empleadores no esperan a que se den este tipo de debates para ver cómo hacer que los trabajadores se esfuercen más. Además, la extracción de esfuerzo de los trabajadores tiene límites tecnológicos y operativos en las empresas.

En lo político, el proyecto de ley es una señal más del desgaste de la derecha en Colombia y de su poca favorabilidad actual. El Centro Democrático planea, por supuesto, mantenerse como fuerza política influyente en las elecciones presidenciales de 2022. No será esta la última vez en la que el Centro Democrático usará proyectos de naturaleza popular para lidiar las protestas callejeras y la pérdida de votos en las elecciones regionales. Con menos margen para que el tema de la seguridad sea el discurso bandera, seguiremos viendo intervenciones más activas en el terreno económico, con propuestas que antes eran propias de la izquierda y de los sindicatos.

Es llamativo que no le dejen al presidente Duque mover estas iniciativas de mayor acogida popular. Aunque algunos piden con esperanza que el presidente Duque se desmarque de la influencia del presidente Uribe, es el presidente Uribe el que se desmarca del presidente Duque al dejar que los problemas de gobernabilidad queden directamente asociados al Ejecutivo, mientras el partido de gobierno juega un rol más agradable: intentar reconectarse con la gente. El presidente Duque es el fusible.

* Ph.D. en Economía, University of Massachusetts-Amherst. Profesor asociado de Economía y director de Investigación de la Pontificia Universidad Javeriana (http://www.javeriana.edu.co/blogs/gonzalohernandez/).

 

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