Por: Jorge Iván Cuervo R.

El pulso por la paz

Las condiciones de los diálogos entre el gobierno de Santos y las Farc no son las mejores.

Una opinión publica inestable y dividida, una férrea oposición política de parte del uribismo, que representa al menos a ocho millones de electores - la mitad del espectro político -, y una comunidad internacional que mira con desdén e indiferencia, hacen que hechos tan dolorosos como la muerte a mansalva de once soldados en el Cauca, pongan a temblar el proceso y al gobierno a replantear los términos de la negociación.

Las Farc faltaron a su palabra de tregua unilateral, y aprovechando un descuido de la tropa, pusieron el proceso en su punto más crítico de confianza, obligando al Presidente a replantear términos y condiciones de los diálogos que, al ser impuestas para hacer frente a un clima de opinión hostil, pueden conducir al rompimiento de los mismos.

No ha sido suficiente reiterar que se decidió negociar sin cese al fuego y que este tipo de dolorosos hechos podrían suceder, solo que lo del Cauca se produce en un clima de desescalamiento que suponía avances significativos en la generación de confianza entre las partes.

El uribismo ha arreciado sus críticas al proceso y ha exigido condiciones que harían imposible la paz, lo que ha sido interpretado como la necesidad de regresar al expediente de la salida militar, algo similar al escenario que en 2002 llevó al poder a Uribe y logró su reelección con trampas ya establecidas por la justicia.

Si bien el pulso ahora parecen estarlo ganando quienes quieren la continuidad del conflicto, con todo lo que ello implica en términos de vidas - finalmente los muertos los ponen otros, y así es fácil azuzar la guerra- no estamos ante un escenario parecido al del Caguán.

En efecto, no hay entrega de soberanía territorial, no se han hecho concesiones que impliquen una capitulación del Estado, así el uribismo se empeñe en decirlo con cifras mentirosas, y si el gobierno se viera en la necesidad de parase de la mesa, la ventaja militar que se tiene sobre las Farc, iniciada en el gobierno de Uribe, no se ha perdido, razón por la cual no habría mayores traumatismos en restablecer la ofensiva.

De suerte que son las Farc quienes tienen que demostrar su voluntad de negociación y de llegar a acuerdos sustanciales rápidamente. Saben que el tiempo que corre contra Santos inevitablemente también corre contra ellas, y que un escenario Vargas Lleras significaría extinguir cualquier posibilidad de salida negociada. Eso supone empezar a hacer concesiones en los temas de justicia y reparación, empezar a pensar en un escenario de penas para los máximos responsables y gestos creíbles de reconocimiento de crímenes.

Santos sabe que tiene un mandato para jugársela por la paz, pero sabe que tiene un estamento militar inquieto, una oposición política consistente y una opinión publica frágil e inestable. Está a tiempo de dar un golpe de timón a las negociaciones y recuperar de la gobernabilidad en todos los frentes, incluyendo la reforma de Equilibrio de Poderes, la cual, ya se parece a la anterior reforma a la justicia en manos de los enriquezmayas y otros personajes de dudosa ortografía.

Presidente, ya que el Secretario de Naciones Unidas lo llamó a darle respaldo al proceso, use esa influencia para un primer cara a cara suyo con los comandantes de las Farc, y relanzar el proceso con metas y plazos fijos. Usted de todos modos sabe que no puede pasar del 6 de agosto de 2018.


@cuervoji

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