Por: Nicolás Rodríguez

El punto cuatro por ciento

Además de hacer memes y burlas con el castrochavismo también habría que tomárselo en serio. En particular lo que tiene que ver con quiénes fueron los que propagaron su idea, que ya se sabe que militan en movimientos como el uribismo y demás fuerzas que se oponen a lo pactado en el acuerdo de paz con las Farc.

¿A qué le temen estos grupos? ¿Al comunismo? ¿A Cuba? ¿A Castro? ¿Al chavismo? Ninguna de las anteriores está realmente integrada a lo firmado entre las partes. Al revés. Las Farc renunciaron a la posibilidad de modificar el modelo económico. Por encima de la constituyente asumieron el plebiscito. Se han plegado una y otra vez al sistema político actual.

Los expertos no niegan la desigualdad en materia de tierras. Se habla del 70 % de las propiedades campesinas con menos de cinco hectáreas frente a grandes tierras ganaderas en manos del punto cuatro por ciento. Y, sin embargo, no hay una revolución en temas de propiedad privada en lo firmado.

Reforma agraria no hubo (¡en Perú hasta la hicieron los milicos!) y no habrá si nos atenemos a los acuerdos de La Habana. Que las elites sonsaquen su poder político y económico de la propiedad rural no fue el centro de atención de lo discutido entre la guerrilla y el gobierno Santos. Con altas dosis de pragmatismo y un buen instinto de supervivencia, de lo que se trató fue de aterrizar la paz en los territorios en los que se vive la guerra.

¿A qué viene, entonces, la prevención? Timochenko haría bien en pasar primero por la Justicia Especial de Paz antes de lanzarse a la Presidencia, burlarse de las víctimas y darle primeros auxilios a la desinflada candidatura de Vargas Lleras. Pero el castrochavismo también es una expresión de los miedos legendarios a la movilización social, que viene en camino. El monstruo no son las Farc. El coco es la redistribución.

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