Por: Luis Eduardo Garzón

El que peca y reza, no siempre empata

RESUCITÓ LA IGLESIA CATÓLICA, ¡Y de qué manera! Exponiéndose a la santa inquisición uribista por cuestionar la reelección y promover diálogos con la guerrilla, se les hizo el milagrito, así sea de manera parcial.

Con módicas cuotas mensuales, las Farc vienen dando pasitos de rectificación. Pradera y Florida ya no son un inamovible, como tampoco lo es el secuestro, pues más allá de la discusión sobre el número de plagiados, la sola explicación lleva consigo un reconocimiento implícito del rotundo fracaso que para ellos tuvo la utilización de esta macabra estrategia. Paradójicamente terminaron reivindicando la cristiana sepultura, no sólo de allá, sino también de acá. Ojalá hubieran incluido a los aborígenes awá. A eso le falta que condenen el atentado personal, pues con lo que pensaban hacer con los Santos regresaban al mismísimo infierno.

Insistir en la reconciliación es una obligación cristiana y la discreción no puede ser cómplice del belicismo gubernamental. Durante este cuatrienio el clero terminó delegándole todo el protagonismo al Secretario de Prensa de la Casa de Nariño y éste no ha hecho sino promover mensajes que contradicen las virtudes que pregona la doctrina eclesiástica. Salvo el de la envidia, pues todo lo que da el poder lo tienen, divulga a nombre de su jefe todos los demás pecados capitales sin siquiera ruborizarse. Desde esa escalera palaciega no se escuchan expresiones de humildad. Cuando los indicadores de pobreza se reducen en Bogotá es gracias al Presidente. Pero si crecen en el Chocó, la culpa es del Gobernador. ¡Qué soberbia! Cuando cunde la ira del doctor Álvaro, proclamando su odio al prójimo que disiente de él, a nuestro querido portavoz gubernamental lo único que se le ocurre aplicar como antídoto es la paciencia de Job, el paramilitar. Cuando de tragarse toda la institucionalidad se trata, le hace barra a su emperador, sin importar que peque por gula.

Procuraduría, Contraloría, Corte Constitucional, Judicatura, Congreso y nómina pública forman parte de la bandeja para calmar su voraz apetito que retroalimenta la trielección. La única conmoción que lo perturba es la interior. No le importa que ella se decrete por orden de un sector financiero que los avala y cuyas estrambóticas ganancias se vieron en riesgo por un paro laboral que impedía que los jueces de circuito siguieran rematando inmuebles y desalojando familias. ¡Pura y física avaricia! Ha renunciado a sus votos de castidad cuando se trata de conciliar con la lujuria, al hacerse el de la vista gorda cuando sus regentes cambian de pareja. Hace cinco años fueron las comadres de Ralito, hace tres fue el discutido prepago de Yidis, y ahora es la beatificada Karina. Y para completar, la pereza. Por estar haciendo de portavoz y de recepcionista de personas socias del diablo se le olvidó puyar al equipo económico para que dejara de mentir en torno a la hecatombe económica que se avecina.

¡Pecaminoso el señor! Supongo que en el Opus por menos le aplican el cilicio. En la arquidiócesis lo mínimo es que cargue al Señor de Monserrate. Yo me conformaría con que repita y repita las palabras de prudencia y de generosidad de monseñor Salazar, pero me temo que en medio de esta nueva religión uribista continuará ejerciendo la máxima que practica su Mesías paisa: el que peca y reza, empata. Aunque en algún momento puede perder.

 

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