Por: Antonio Casale

El que sale no come papas

Hay algo que supera el pésimo nivel de nuestro campeonato, la mala situación económica de la mayoría de nuestros equipos, el mal estado de las canchas, la suciedad de las tribunas y los baños sin luz, como los de El Campín. Es todo un desafío ir a un estadio a ver fútbol en Colombia, y a pesar de todo lo anterior, todo niño paga.

Pero cuando el equipo amado salta a la cancha y los colores de la camiseta, que en muchos casos se extrañaron por más de dos meses, se confunden con la explosión de papelitos en el viento y los cánticos de la gente que hacen estallar en júbilo a propios y extraños, vuelve a nacer la ilusión, que es gratis, noble y casi siempre mal pagada. Los problemas de la semana se olvidan por 90 minutos y los hinchas se meten cual niños en un videojuego de emociones incontrolables.

Comienza el juego y el innegable pobre nivel de nuestro balompié se olvida con el primer grito de gol, que sale de la garganta con rabia, pues por estúpido que parezca para algunos, sólo quienes lo vivimos sabemos lo que se siente al celebrarlo.

Tal vez es por eso que quienes manejan el fútbol a veces se aprovechan de la nobleza y la pureza de la mayoría de los hinchas que no abandonamos la causa ni en las buenas ni en las malas, como cuando éramos niños y esperábamos con ansias el timbre que diera señal del recreo para que a través del “pica y pala” escogiéramos los equipos que disputarían la batalla de 20 minutos confundidos entre otros 15 partidos jugados en la misma cancha polvorienta para ganarse la gaseosa o determinar tras el “mete gol tapa”, que el que “sale come papas”.

Tal vez es porque el fútbol para nosotros nunca ha dejado de ser el mejor juego del mundo, mientras para quienes se lucran de él y sus transacciones es una forma de vivir que no los entendemos en su proceder. Pero las reglas del juego cambian, la gente se cansa, que no se les olvide que el dueño del balón, en este caso el consumidor, el que paga, el hincha, puede modificarlas y dictaminar que “el que sale no come papas”.

Para que eso no suceda esperamos que las cosas cambien, que los clubes se conviertan en sociedades anónimas y a partir de ahí, tener equipos competitivos, campeonatos dignos y que no tengamos que volver a ver a entrenadores mendigando con carteles que la gente vaya al estadio para poder cobrar su salario.

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