Por: Cecilia Orozco Tascón

El que se meta con Uribe…

A la hora en que se escribe esta columna, no ha terminado la indagatoria que rinde el senador Uribe en la Sala de Instrucción de la Corte Suprema por la causa penal abierta en su contra por fraude procesal y soborno de testigos. A esta etapa del proceso se ha llegado milagrosamente, aunque con retraso y después de muchas presiones indebidas, algunas de las cuales, si también se investigaran, calificarían como criminales; de campañas de descrédito vertidas por las alcantarillas contra los magistrados investigadores que han conocido el caso, sin importar si ya se fueron de la Corte o si acaban de asumir el expediente; de mentiras repetidas 1.000 veces para que lleguen a un estadio de credibilidad popular, así no puedan sostenerse en el alto tribunal; de decenas de reuniones para cuadrar versiones falsas, en las peores cárceles del país; de vericuetos legales para detener el interrogatorio mientras el encartado afirma, en sus medios de comunicación, que está listo a responderle a la Justicia; de llanto y crujir de dientes de los seguidores inocentes del expresidente. En fin, de una parafernalia nunca vista en la historia nacional que incluyó su arribo al Palacio de Justicia organizado para aumentar su imagen de dios en la retina de los espectadores: círculo en pelotón de algunos de sus amigos haciendo mucha bulla. Cara de prócer que iba a recibir, en lugar de preguntas sobre su conducta, corona de rey. Y mientras tanto, las iglesias de puertas abiertas para que la gente ingresara a orar por el señor terrenal. Desconozco, aún, cómo se desarrollará la gran manifestación organizada por la bancada del investigado para demostrarle a la Rama Judicial que aquí no se hace lo que digan los jueces, que el que manda es Uribe y punto.

Estamos en Colombia, señores. Este país no es Perú en donde la democracia se toma la libertad de encarcelar al genocida Fujimori; a su hija Keiko, en el mejor momento de su candidatura presidencial; a los expresidentes Pedro Pablo Kuczynski, Ollanta Humala y Alejandro Toledo. Este país, nada más faltaba, no es Panamá, Guatemala u Honduras que, aunque pequeñitas repúblicas bananeras, se pasaron de la raya permitida metiendo a la cárcel a sus jefes de Estado delincuentes. Este país tampoco es Brasil, en donde el gigante de la popularidad de izquierda, Luiz Inácio Lula da Silva, con todo y su poder paga pena de 12 años en una prisión de verdad, y en donde Michel Temer, un presidente de la otra orilla ideológica, también purga sus delitos pese a ser de clase alta; Colombia no es, por supuesto, ni Argentina, ni Chile, que enfrentaron sus fantasmas.

Colombia es Álvaro Uribe Vélez. Y el que ose desconocer esta ecuación será castigado. Ayer se lo recordaron al Poder Judicial los que hoy detentan el Poder Ejecutivo y el Poder Legislativo, dos contra uno, para que vaya quedando claro. El jefe de Estado, que ha demostrado serlo solo de la parte de la nación que piensa como él y su facción política, dio la declaración de advertencia precedido por su ministra del Interior: “Resumo a Álvaro Uribe en una sola palabra: honorabilidad”. Lo siguió el exvicepresidente del procesado, embajador en Washington, Francisco Santos: “@AlvaroUribeVel en indagatoria frente a una @CorteSupremaJ con cartel de toga a bordo… El mundo al revés”. Continuó la vicepresidenta Ramírez para notificar que el Partido Conservador está en pie de guerra si algo que no es de su entero gusto sucede: “Conozco al expresidente desde hace 16 años… su trabajo infinito al servicio de Colombia y su conducta veraz. Debe tener todas las garantías”.

Quienes respetamos el Estado de derecho, inocentes de nosotros, estamos enterados: el magistrado investigador, la Sala de Instrucción que conocerá su decisión y votará si el señor Uribe va a juicio o no, la Sala de Juzgamiento y la Sala Penal, de última instancia. El Congreso que debate desde otras ópticas; los columnistas que, desagradecidos, se toman el derecho a opinar con libertad; los medios y los periodistas que ejerzan la información sin compromisos políticos, todos, esperamos lo que nos merecemos: despidos, destierro, deshonra y ojalá no muerte.

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2019-10-09T00:00:52-05:00

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2019-10-09T00:15:01-05:00

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