Por: Carlos Fernando Galán

El qué vs. el cómo

En todas las encuestas sobre la aprobación de los alcaldes del país, Gustavo Petro ocupa los últimos lugares. Sin embargo, estar mal en las encuestas no es necesariamente grave.

No es extraño que un alcalde caiga en la opinión por decisiones que toma y luego, cuando éstas muestran sus beneficios, recupere el respaldo. La pregunta es si el desplome es producto de decisiones no compartidas, de la falta de decisiones en otros frentes o, lo más grave, de la improvisación gerencial en varios sectores. Para mí, en varios aspectos, el problema con Petro no es el qué sino el cómo.

¿A qué me refiero? Por ejemplo, el caso de las basuras. Estoy de acuerdo con que es absurdo que esta ciudad siga botando en un relleno más de seis mil toneladas diarias de basura; no tiene ningún sentido que los operadores privados reciban grandes ganancias por tonelada llevada al relleno y no exista aún un sistema moderno de reciclaje que garantice la participación de los recicladores. Es urgente replantear el modelo. Hasta ahí coincidimos.

¿Cómo resolver el tema? Ese es otro cuento. En lugar de embarcarse en una aventura improvisada para revivir la figura de una empresa estatal que asuma el servicio (empresa que, por cierto, ya va a ser liquidada), la ciudad podría apostarle a un modelo en el cual jueguen un papel clave los privados. Que se inviertan las cargas, que los riesgos sean mayores para los privados que para el Distrito. Los privados pueden desarrollar y aprovechar nuevas tecnologías y ponerlas al servicio de la ciudad sin que esto implique arriesgar el erario ni crecer el aparato burocrático. El Distrito debe garantizar que avancemos hacia el aprovechamiento de los residuos, que se integre de verdad a los recicladores en el modelo, que la ciudad reciba la mayoría de las ganancias y que los bogotanos podamos disfrutar de un buen servicio.

Otro caso, clave con la discusión del POT, es el de cómo debe seguir creciendo Bogotá. Coincido con Petro en que la ciudad no se puede seguir expandiendo de manera desordenada; eso es condenar a sus habitantes a grandes desplazamientos, aumentar los costos de los servicios y poner en riesgo su sostenibilidad. Bogotá tiene que aumentar progresivamente densidades, pero debe hacerlo generando espacio público y equipamientos urbanos. Hasta ahí estoy de acuerdo.

¿Cómo hacerlo? No se logrará aislándose de la región, peleando por el agua (que nos da en su mayoría la región), impidiendo el desarrollo de zonas aptas para nuevas urbanizaciones dentro del perímetro de la ciudad. La renovación urbana es pieza clave, pero no puede ser la única apuesta y, si se piensa demasiado, la ciudad no va a parar de crecer y lo hará sin que se cumplan las condiciones adecuadas.

Un ejemplo adicional: la movilidad. Petro tiene razón en que la solución es un sistema multimodal. Se necesitan más transmilenios, pero también el metro, los cables, los trenes ligeros para algunos corredores; se requieren más vías y sobre todo un cambio cultural frente al uso del carro y de medios alternativos como la bicicleta. Ese macroproyecto de movilidad debe ser muy bien gerenciado. Con sustento técnico se debe definir el orden de construcción de cada componente, los recursos, los plazos y las actuaciones urbanas que deben acompañarlos. Pero llevamos dos meses sin secretario de Movilidad, el cupo de endeudamiento carece de estudios suficientes que le den tranquilidad a la ciudad frente a la destinación de los recursos y mientras tanto vemos cómo se pierden millones cada día por un sistema integrado que no arranca de verdad.

Alcalde, el problema a veces no es el qué, es el cómo.

*Carlos Fernando Galán

 

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