Por: Diana Castro Benetti
Itinerario

El querido diario

Lo íntimo en el mundo moderno es casi un imposible. Hábitos tecnológicos que imponen modelos y diluyen límites. El voyerismo y el rabillo del ojo se convierten en la adicción que no logramos superar: quedamos atados a tobillos y trapos, ambiciones y dolores, triunfos y desilusiones. Mundo de máscaras y afanes donde el individuo es un muñeco a medio hacer y donde las calles, las casas y la cama son las plataformas de la banal exhibición. Seres ávidos de aplausos públicos sacan garras con tal de ser el personaje principal en un teatro trivial y repetido. La intimidad nace y muere en una virtualidad que devela el secreto y que pasa por alto la libertad. Poco se logra escapar de la idiotez.

Y en la agitación cotidiana, darle rienda suelta a la manía de un diario personal es como un acto suicida y anacrónico. Casi ridículo. Los garabatos y los apuntes sin sentido pasan por ser expresión loca de un desajustado vagabundo. El querido diario ha desaparecido y con él el desahogo compulsivo, las herejías y los enigmas. Sin embargo, para atreverse al desnudo ante las mentiras propias, la ruta indicada es un cuaderno de notas y luego otro, y otro. Obliga al descanso, al aislamiento, a matar el ruido. Es distancia necesaria que construye la membrana porosa de lo íntimo, de lo propio y de la vida sin filtros. Cada página, como laboratorio de pócimas, es el experimento interior en su máxima plenitud: cercanía, verdad, ficción, realidad, conspiración y testimonio; es el intento por relatar lo interno y lo imposible. El diario personal, desprovisto del prejuicio y de la dulce inocencia de la infancia, es un trazado fuerte para verse en el reflejo de las acciones y un itinerario en la exploración de la existencia. La belleza del método.

Todo diario puede ser cursi filosofía, miscelánea de la razón, el relato confesional de los encuentros sexuales y la explicación inaudita de las experiencias del vuelo yóguico. Mundo onírico y fantasioso, cercano a la voz del loco y a la rabia del preso, es el azar convertido en fechas, días, horas, lugares, nombres, palabras, imágenes. Una forma de narrar seducciones y odios. Es el diálogo entre la percepción y los eventos, entre las sensaciones y las ideas, entre el vacío y la plenitud, entre lo que cambia y lo que no. Todo diario es un lenguaje de creación, la perfección de imperfecciones y el desatino circular de los días. Como el más querido, no hay mejor habitación propia que aquella donde se abre el cuaderno para que suceda, por fin, la intimidad. Es el mundo recompuesto, el lugar del paraíso y la renuncia a dejar ir el tiempo.

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2018-04-10T21:00:00-05:00

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