Por: Gustavo Páez Escobar

El Quindío y su diario

Con motivo de los 20 años de vida de La Crónica del Quindío, que se celebran con la presencia del presidente Santos, el diario resalta esta frase que representa la piedra angular de su filosofía: “La historia se construye con la verdad de sus protagonistas”. Y acentúa su fibra regional con este lema que condensa su ideario: “El periódico de los quindianos”.

Hace 20 años un grupo de dirigentes de Armenia se reunió con el propósito de crear un diario propio, al igual que lo tenían las otras dos capitales del Antiguo Caldas. Durante muchos años, La Patria cumplió el papel de diario para toda la región y tuvo, por cierto, un gran desempeño. Después, Pereira fundaría su propio periódico. Faltaba el Quindío.

Se me ocurre pensar que los mismos anhelos de autonomía administrativa que dieron origen a la segregación de Caldas en tres territorios afines, pero no iguales, primaron para la independencia periodística. Quienes conocemos de cerca este proceso histórico, sabemos que por encima de ciertas intenciones  políticas que se han aducido en el curso del tiempo para explicar aquellos hechos, estaba la legítima aspiración de manejar cada cual su propio destino.

La Crónica del Quindío, que en sus inicios era una publicación modesta y a la cual no se le auguraba mayor alcance, ha superado no pocos obstáculos hasta alcanzar la madurez que hoy exhibe. Muchos escépticos de la región la veían como un proyecto endeble que fracasaría en corto tiempo. Según ellos, llegaría, si acaso, al año de existencia. Pasó esta prueba, y cuatro años después recibía la Orden de la Democracia otorgada por la Cámara de Representantes por su seriedad editorial, gráfica y noticiosa; su carácter independiente; su condición de vocero de los problemas regionales y su lucha contra la corrupción y la inmoralidad.

Permítame el lector traer a cuento un hecho personal que refleja el espíritu vigilante con que el periódico ha actuado frente a los desvíos de la moral pública y la distorsión de las sanas costumbres. En septiembre de 1998, siendo director de La Crónica el exgobernador Rodrigo Gómez Jaramillo, escribió un editorial relacionado con mi novela La noche de Zamira (que registra los desastres causados por la bonanza cafetera y la fiebre del dinero envilecedor que se vivió en aquella época), donde dice lo siguiente:

“La súbita irrupción del dinero a canastadas, provocada por la cotización exagerada de los precios internacionales del café, crea una cultura del despilfarro, del consumo irracional, de las inversiones exóticas, de la prostitución y el despilfarro. Pasada la “bonanza” se inicia la época del narcotráfico con efectos más devastadores porque este flagelo distorsiona el valor real de la propiedad inmueble, crea una demanda coyuntural artificiosa y enajena la conciencia de grandes conglomerados humanos convirtiéndolos en delincuentes. Si a la sucesión de estos flagelos agregamos la corrupción que está de moda, tenemos que concluir que Colombia en los últimos años ha estado asediada por todos los males modernos”. Voz profética la suya.

Es hoy La Crónica del Quindío un periódico moderno, bien escrito y bien orientado, cuyo afán primordial ha sido el de mantenerse en sintonía con los afanes, las luchas y las esperanzas de la comarca, y no decaer en la denuncia de la corrupción y del abuso de la clase dirigente. Sus creadores  de hace 20 años han hecho posible, en lo económico, que el diario subsista y prospere.

Sus directores, personas destacadas en la vida regional, como Rodrigo Gómez Jaramillo, Evelio Henao Ospina, Jaime Lopera Gutiérrez y Jorge Eliécer Orozco Dávila (director actual, de amplia trayectoria en el periodismo radial y escrito), han sabido conservar el espíritu motivador de este loable empeño de la sociedad quindiana. A ellos se suma el personal de periodistas y colaboradores, lo mismo que el presidente de la entidad, Luis Carlos Ramírez Múnera, y su gerente, Sandra Cecilia Macías Palacio. La Crónica está de plácemes, y con ella, el pueblo quindiano.

 

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