Por: Alvaro Forero Tascón

El Quinto Poder

Si el poder ciudadano es una ficción pasajera, ¿quién tiene contra las cuerdas a los poderes públicos? ¿Por qué están éstos tan aturdidos, tratando de descifrar qué fue lo que los golpeó tan fuerte, y cómo salir del atolladero?

El poder ciudadano en Colombia no sólo existe, y crece en tamaño e influencia, sino que es de una gran coherencia política. Viene insistiendo desde hace años en dos obsesiones: rechazo a las Farc y a la corrupción y la politiquería. A diferencia de fenómenos de Indignados en otros países, ha conseguido resultados palpables y aglutinado a buena parte de la opinión pública.

La voz pública que tumbó la reforma a la justicia no fue un hecho aislado. Es la misma voz que antes actuó como Ola Verde y por los mismos motivos. Y que seguirá apareciendo, cada vez con mayor fuerza, porque se está cogiendo confianza. El peor error que pueden cometer las instituciones es menospreciarla. La acción social colectiva es fruto precisamente de la falta de intermediarios institucionales efectivos entre la ciudadanía y el Estado. Como los temblores, las manifestaciones del poder ciudadano son esporádicas, pero resultado de lentos y masivos movimientos de las placas subterráneas, que cuando no encuentran acomodo, producen réplicas mayores.

El poder ciudadano es reactivo, pero mucho menos irracional de lo que creen sus detractores. Investigaciones sobre agregación han mostrado que cuando la deliberación colectiva en medios y redes es amplia, se ensamblan opiniones colectivas racionales que compensan las limitaciones individuales de los ciudadanos en materia de información y análisis sobre los temas políticos y sociales.

Es posible que el poder ciudadano en Colombia esté cada vez más cerca a dar el paso a un movimiento ciudadano, pues tiene dos de los tres requisitos que se requiere para ello: el desafío colectivo a las instituciones, y el propósito común y la solidaridad. Sólo le falta pasar de incidentes aislados a una acción colectiva sostenida, para lo cual requiere organización. Algunos dicen que eso nunca llegará, pero como toda demanda, tarde o temprano encontrará una oferta. El odio a las Farc encontró un vocero populista que derrotó doscientos años de bipartidismo.

Como sostiene Roberto Savio, la “deconstrucción global cada vez genera nuevas incertidumbres mundiales, el aumento de la desconfianza en el entorno —y en los propios medios de comunicación—, el individualismo como medio de supervivencia social y la inacción del pensamiento crítico”. Ese mismo escenario es, casi de forma paradójica, el que está facilitando el éxito de la web como fuente de información alternativa y el que está promoviendo el triunfo del ciberactivismo como instrumento de sensibilización y de movilización pública.

Por eso se denomina Quinto Poder la influencia de la sociedad organizada autónomamente en la red, superando la de los medios de comunicación tradicionales. Viene más activismo social y más oportunidades para que el Quinto Poder se organice, primero en movimientos puntuales impulsados desde internet, que luego pueden agregarse en la calle.

El rechazo del Quinto Poder a la corrupción y la politiquería generó la Ola Verde, y casi le cuesta la elección al presidente. Ahora le costó gobernabilidad. Debe oírlo para que no le cueste la reelección.

 

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