Por: Manuel Drezner

El recital de Hvorostovsky

Uno de los grandes méritos que ha tenido el Teatro Santo Domingo es que ese generoso obsequio a la ciudad no se ha contentado con ofrecer un monumento vacío, sino que además ha hecho una programación variada y de lujo, detrás de la cual está reflejada la experiencia de su director Ramiro Osorio.

Lo más reciente ha sido un recital del barítono ruso Dmitri Hvorostovsky, que es tan importante dentro del arte lírico de hoy, que incluso ha logrado que su apellido se lo aprendan hasta las más conservadoras señoras bogotanas. Hvorostovsky se presentó acompañado por el pianista Ivari Ilja y comenzó con algunas canciones de Rachmaninov, seguidas por canciones de Liszt. Todas ellas, estoy casi seguro, nunca habían sido cantadas en vivo en Bogotá y eso ya crea méritos para el programa, que además tuvo el detalle de que en forma muy sutil, precedió a Liszt con textos de sonetos de Petrarca y con otra canción con texto de Víctor Hugo que recuerda el momento en que Laura se apareció a Petrarca.

La segunda parte la dedicó a arias de ópera alemana de Wagner, rusa de Borodin e italiana de Verdi, quizá para mostrar la versatilidad del artista. Este tiene una sonora voz, con un ocasional obstáculo en la garganta y una forma dramática de interpretación que es muy efectista y que al público fascinó. Fue un recital, como se ve, muy bien pensado, ya que tuvo una primera parte de gran altura y una segunda de altura no menor, pero dedicada a complacer a la audiencia. Yo prefiero oír las arias de ópera con orquesta, como las concibió el compositor, y no en esas reducciones al piano hechas para estudio. Por otra parte, cabría anotar que ese dramatismo de sus interpretaciones quizá debió dejarse de lado en obras como los Sonetos de Petrarca, que hablan de gracia celestial y de la armonía de las esferas y que por tanto requieren más de dulzura que de drama. El resultado es que Hvorostovsky en todo momento está lanzándose con tal emoción que hace que el recital resulte poco contrastado.

La buena labor del Teatro se complementó con una clase maestra para cantantes colombianos el día anterior y unos programas de mano bien elaborados, con los textos y traducciones de las canciones, algo indispensable pero que no siempre se hace y un público que escuchó con fervor lo que se cantaba y aplaudió con entusiasmo. Fue una gran oportunidad de escuchar a un cantante que está en primera fila en el mundo del canto contemporáneo y que logró el milagro de emocionar al habitualmente apático público bogotano.

Buscar columnista

Últimas Columnas de Manuel Drezner