Por: Eduardo Sarmiento

El regalo de Ecopetrol

En una columna anterior, titulada "La transferencia inequitativa de Ecopetrol", presenté una valoración de la empresa. Con base en estudios sobre los balances, las rentabilidades y las reservas probadas, mostré que el valor de la empresa era muy superior a la cifra que sirvió para fijar el precio inicial en $1.400 la acción. El ingreso de las acciones a la bolsa confirmó mi predicción. En tres días la cotización se aumentó en más de 50% y, de seguro, continuará en la misma dirección.

El análisis lo presenté en un debate con el presidente de Ecopetrol que tuvo lugar en una asamblea de la Asociación Colombiana de Petróleos. En mi exposición expliqué en detalle los procedimientos y cifras empleados para estimar el valor de la empresa en más de 50% del precio fijado a la acción. El gerente cuestionó el estimativo con el argumento de autoridad de que la cifra de la empresa provenía de la valoración realizada por los dos bancos de inversión más prestigiosos del mundo, pero sin ilustrar las razones y los elementos que justificaron el resultado. Al respecto, manifesté que los bancos de inversión siempre subestimaban el valor de las empresas privatizadas. Así ocurrió con Telecom, ETB, ISA, Isagen, etc.

El caso más sobresaliente fue el de la Empresa de Teléfonos de Bogotá, ETB, en 2000, cuando Peñalosa anunció su privatización con base en una valoración en US$800 millones, y en esta columna mostré con análisis muy sencillos que el verdadero valor de la empresa era de más de US$2.000 millones. La denuncia sirvió para un llamado de atención del Procurador que precipitó a Peñalosa a retirar la oferta. Pues bien, en un foro reciente el presidente de la ETB, Rafael Orduz, señaló que en los años siguientes a la privatización las utilidades de la empresa superaron con creces el valor de la venta. Aún más diciente, en una nueva evaluación de la empresa realizada en días pasados por un banco de inversión, se valoró en US$2.200 millones.

El país no aprende de la experiencia o no quiere aprender. Los bancos de inversión cobran sumas fabulosas para realizar cálculos aritméticos de ficción y aplicar criterios de competencia que no tienen mayor significado en la realidad. Los documentos son un misterio, no se divulgan a la opinión pública y nadie responde por los resultados. Lo más grave es que son juez parte y, como tales, tienden a subvalorar las empresas para estimular a los compradores y asegurarles elevadas ganancias.

La función de los científicos sociales es predecir el futuro y no el pasado. En este sentido, cabía esperar una gran actividad en los centros de investigación para confrontar los estimativos de los bancos de inversión y el Gobierno, y avanzar en propuestas alternativas. El ejercicio podía efectuarse con simples conceptos, que bien puede realizar un estudiante de primer año.

Es especialmente llamativa la actitud de los economistas neoliberales que propiciaron la venta de Ecopetrol y han mantenido silencio sobre el precio de venta. En el fondo, están revelando que privatizar no es sólo entregar la propiedad, sino hacerlo por debajo de su costo de oportunidad. No es cierto, como lo proclamaban los proponentes de privatizar ISA e Isagen, que el buen desempeño económico de las empresas se refleja en el precio de venta de las privatizaciones. En el caso de Ecopetrol se vio que la empresa recibirá menos que su rentabilidad y la diferencia quedará en una reducida cúpula.

No sobra señalar que un Estado serio no puede propiciar la especulación. No es legítimo ofrecer una propiedad pública generando rentabilidades de 50% en dos horas. En la practica, se está creando un estímulo excesivo al riesgo, que termina trasladándose a toda la economía y al público, como ocurrió en los últimos años en Estados Unidos con las hipotecas subprime y los prestamos para comprar empresas existentes. Así, el ingreso de Ecopetrol a la bolsa propició una entrada monumental de capitales que acentuó la revaluación del tipo de cambio y ampliará el déficit en cuenta corriente, y constituye una señal de que la propiedad va para las multinacionales.

Así no falten quienes presenten la operación como un éxito por cuanto el valor resultó mayor al precio base, la realidad es al revés a todas luces. El resultado no corresponde a la gestión operativa de los gobiernos en Ecopetrol, que ha sido insatisfactoria. No obstante las cuantiosas inversiones de la empresa, en los últimos doce años no se ha logrado ningún hallazgo sobresaliente, como sucedió en el pasado con Orito o Caño Limón. El disparo de la acción en relación con el precio base es la consecuencia de un error en la valoración de la empresa y de intereses por ofrecerla por debajo de su costo de oportunidad. De ninguna manera representa un aumento de la riqueza nacional. Por el contrario, estamos ante una típica política populista neoliberal que, en aras de estimular el ahorro, en tres días le transfiere una cuantiosa parte del patrimonio nacional al 1% más rico de la población.

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