Por: Luis Carlos Reyes

El regalo de la clase media a las empresas de la clase alta

La discusión sobre la ley de financiamiento se ha centrado alrededor del IVA a la canasta familiar, como es lógico que suceda: el IVA es la principal fuente de recaudo tributario del país, y es el impuesto que pagamos todos sin excepción. También se ha hablado bastante sobre el subsidio al 30% más pobre de los hogares, que compensa para estos el IVA de la canasta familiar. Sin embargo, hay que discutir a fondo los otros dos grandes componentes de la reforma, que en la práctica constituyen un regalo de la clase media a la clase alta. Se trata de los cambios en el impuesto a la renta de las personas naturales y el impuesto a la renta de las empresas.

Ambos son impuestos que se le cobran a una minoría privilegiada, y aunque uno sube y el otro baja, la suma de los dos va a bajar: este es el subsidio de la clase media a la clase alta, y es cuatro veces mayor que las transferencias propuestas para compensar el IVA.

En efecto, el impuesto a la renta de las personas naturales lo paga aproximadamente el 10% más rico de los hogares, es decir, los que ganan más de 4 millones al mes. Por su parte, el impuesto a la renta de las empresas o personas jurídicas afecta a los dueños de las empresas, que pertenecen a un grupo aún más privilegiado. Según datos de la Encuesta Nacional de Presupuestos de los Hogares, el 96% de los dividendos que pagan las empresas es recibido por el 10% más rico de los hogares; pero, además, el 60% de los dividendos va directamente al 1% más rico de los colombianos.

La ley de financiamiento propone recaudar 2 billones adicionales subiendo el impuesto a la renta de las personas naturales, a la vez que reduce en 10.3 billones el impuesto a la renta de las empresas. Es decir, el 10% más privilegiado del país va a recibir en promedio una gran reducción de impuestos. Pero, además, la reducción de impuestos va a beneficiar casi exclusivamente a los dueños de las empresas, que pertenecen al 1% más rico de las personas naturales. Entre los descuentos tributarios propuestos se encuentran exenciones a las empresas que hagan “mega inversiones” de más de 1,6 billones de pesos, y al sector recién inventado de la “economía naranja”. Todo esto se financia con el aumento del IVA a la canasta familiar.

En aras de la eficiencia económica, está bien bajarles los impuestos a las empresas, pero deben compensarse con un impuesto a la renta de las personas naturales más privilegiadas. La Constitución colombiana dice, en el artículo 363, que el sistema tributario del país no sólo debe ser eficiente, sino también progresivo. Es decir, las personas de más altos ingresos deben pagar un porcentaje más alto de sus ingresos que el que pagan las personas de bajos ingresos. La Corte Constitucional, a su vez, ha determinado que este criterio no aplica a impuestos individuales sino al sistema en su totalidad. Pues bien: los cambios que propone la ley de financiamiento nos alejan de la progresividad, ya que en su conjunto financian, con la canasta familiar de la clase media, los subsidios y exenciones tributarias del 1% más rico del país. Ojalá el Congreso de la República tenga esto en mente durante las semanas siguientes al debatir la constitucionalidad y pertinencia de la propuesta del gobierno.

* Ph.D.,profesor del Departamento de Economía y director del Observatorio Fiscal, Universidad Javeriana.

Twitter: @luiscrh

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